El día 1 de marzo de este año, Irán atacó con drones Shahed tres centros de datos de Amazon; dos estaban en Dubái (Emiratos Árabes Unidos) y el tercero en Baréin. Unas semanas después, el día 2 de abril, drones iraníes impactaron contra un centro de datos de Oracle en Dubái. Aquellos ataques sorprendieron a muchas personas, dado que estas instalaciones no eran objetivos militares, más allá del hecho de ser multinacionales norteamericanas. Eran objetivos fáciles, sin protección, alejados de las bases norteamericanas. La noticia circuló por los márgenes de los informativos en medio de la guerra, con todos los focos mediáticos situados sobre el estrecho de Ormuz y sobre las redes sociales del presidente Donald Trump. No fueron estos los únicos ataques contra instalaciones similares. El día 11 de marzo, un ataque con misiles (no se sabe si norteamericanos o israelíes) destruyó un centro de datos en Teherán, propiedad del banco público Sepah. Este ataque habría pasado del todo desapercibido si no fuera porque el Jerusalem Post, siempre bien conectado con la inteligencia israelí, se hizo eco de ello.
Los ataques iraníes contra los centros de datos indicaban una cosa a quien lo sabía leer: los iraníes también aprenden cosas, y las aprenden deprisa. Los centros de datos atacados, junto con muchos otros situados en las monarquías del Golfo, son los más grandes de toda la región. No solo guardan datos e información de los usuarios de los países donde están ubicados, sino de muchos otros países, incluidos Estados Unidos e Israel. De hecho, los ataques afectaron a compañías israelíes, cuyos datos quedaron dañados o se perdieron definitivamente. Estos ataques y sus consecuencias forman parte de la guerra que se libra en el cuarto espacio. Pero, ¿qué es el cuarto espacio? Es el campo de batalla cibernético, el que no se ve, situado más allá de los tres teatros de operaciones tradicionales: tierra, mar y aire. El cuarto espacio es un campo de batalla donde los soldados no van uniformados, tienen sus ordenadores portátiles llenos de adhesivos y toman un café latte mientras hacen la guerra.
Israel, dominante pero con los rivales aprendiendo
El cuarto espacio tiene un campeón indiscutible. Israel es amo y señor, tal como quedó demostrado el año 2024 con la operación Grim Beeper, durante la cual cientos de buscapersonas y walkie-talkies de mandos de Hezbolá explotaron simultáneamente. Aquella acción provocó 42 muertos y dejó heridos a más de mil miembros de la milicia chií. Todos estos aparatos habían sido infectados mucho tiempo atrás, en un “día cero” que se prolongó durante años. Matías Rott, consultor y experto en ciberseguridad, me explica qué es el zero day: “El día cero es la ventana de oportunidad que tiene un hacker para penetrar y maniobrar dentro de un dispositivo, sin que sus desarrolladores o usuarios ni siquiera sean conscientes de ello. Se puede dejar en estado latente durante mucho tiempo, hasta que se activa cuando conviene, como ocurrió con la operación Grim Beeper y otras similares. Un ataque en el día cero coge al adversario totalmente desprevenido y fuera de juego.”
Pero este dominio israelí del cuarto espacio empieza a serle disputado. Irán ha penetrado también algunos sistemas de información y ha tenido acceso a datos personales de muchos israelíes. Por ejemplo, una de las acciones más graves que ha llevado a cabo Teherán fue un envío de un SMS a muchos habitantes de Tel Aviv en el cual se advertía que algunos refugios habían sido tomados por terroristas y se avisaba a la población que no fuera. El mensaje era en hebreo y tenía el tono y la estética de los mensajes oficiales que envía el gobierno israelí a su ciudadanía. Poco después se produjo un bombardeo de misiles sobre la ciudad. El objetivo del mensaje era, pues, causar víctimas entre los civiles que pudieran tener miedo de protegerse en los refugios.
La guerra en el cuarto espacio también se libra en las redes sociales y en los medios de comunicación. Un caso que llamó la atención fue el anuncio, por parte de algunos medios iraníes, de que el primer ministro israelí había muerto en un bombardeo. La noticia cobró suficiente vuelo para obligar a Benjamin Netanyahu a salir de su oficina y tomarse un café en una cafetería cercana. Pero medios afines al régimen de Teherán insistieron en que estaba muerto y que las imágenes de Netanyahu tomando un café y bromeando con los trabajadores de la cafetería estaban hechas con inteligencia artificial. En la era de la IA, la guerra en el cuarto espacio puede ser un bucle infinito, porque la base de la desinformación es la credulidad de la gente.
La desinformación: ¿el arma del futuro?
Incluso cuando una mentira ha sido desmentida, todavía hay un porcentaje persistente de la opinión pública que se la cree. Y no solo se la cree, sino que la difunde de manera insistente, creando una duda razonable entre otros sectores de la población. La perfección del sistema de la desinformación es cuando una mentira no se puede desmentir. Esta frase puede parecer contraintuitiva, pero es del todo factible porque es más difícil rebatir aquello que no existe que demostrar o desmentir un hecho concreto. Rott me mira y me formula una pregunta que lo deja bien patente: “¿Puedes demostrar que no tienes un hermano?” Yo no y tú tampoco.
No siempre se cumplen, pero la guerra convencional tiene unas normas; ¿pero hay normas en la guerra en el cuarto espacio? Nadie las ha escrito y cada país aplica las suyas. Por ejemplo, Israel no desmiente que haya hecho circular informaciones y rumores sobre posibles diferencias en la cúpula del régimen iraní. “Pero una cosa es hacer circular estas informaciones destinadas a desmoralizar al enemigo y otra es hacerlo con la intención de causar víctimas civiles, como hace Irán”, afirma Rott. Y añade: “Por ejemplo, Israel tiene acceso a mucha información personal de muchos civiles iraníes o libaneses, como son sus cuentas bancarias personales, pero nunca cometería ningún robo ni extorsionaría a nadie. Hay unas líneas rojas que no cruzaremos porque somos una democracia y un Estado de derecho.”
Todos los expertos en guerra cibernética coinciden: ya no hay espacios seguros. Hoy se pueden instalar programas en la nube de un usuario de manera que, incluso cambiando de terminal o usando otro dispositivo, el programa siempre estará disponible para cuando llegue el momento. Y este momento puede tardar años en llegar. Desestabilizar la economía, causar el caos en las infraestructuras, dejar un país a oscuras, interrumpir sus telecomunicaciones o hacer colapsar su sistema bancario son las nuevas armas de disuasión masiva. Todas estas acciones, combinadas, pueden dar la victoria mucho más deprisa que la guerra clásica. Rott afirma que “la mejor guerra es la que se gana sin disparar ni un solo tiro”. Es una derivada moderna de la vieja sentencia de Sun Tzu: “Someter al enemigo sin dar batalla es el arte supremo”. Las guerras del futuro serán así; mientras tanto, hay batallas que dejan muertos en el cuarto espacio.
