Los Juegos Olímpicos de Invierno de Milán no solo están dejando récords deportivos, sino también historias insólitas en la villa olímpica de Cortina d’Ampezzo. Según los informes, la provisión de condones, habitualmente gratuita para promover la salud sexual entre los atletas, se ha acabado en solo tres días. Los organizadores habían reducido la cantidad de 300.000 a solo 10.000 unidades, dejando a muchos deportistas con menos opciones de las que probablemente esperaban.
La distribución de condones en las aldeas olímpicas es una tradición que busca fomentar el sexo seguro y la prevención. El mensaje oficial era claro: “Salud primero: prevención y sentido común”. Incluso Attilio Fontana, gobernador de Lombardía, puso un símbolo de la región en los paquetes, un detalle local que ahora queda casi anecdótico ante la falta de producto.
Un atleta anónimo declaró a La Stampa: “Las existencias se agotaron en solo tres días. Nos prometieron más, pero no se sabe cuándo llegarán”. Para comparar, en los Juegos Olímpicos de París 2024, los deportistas habían recibido 300.000 unidades, suficientes para dos por atleta cada día. La reducción masiva ha convertido un recurso habitual en un verdadero reto logístico para los atletas que buscaban protección.
A la espera de más unidades
La villa de Cortina es un complejo modular con 1.400 camas, con caminos que conectan las unidades y zonas comunes. A pesar de ello, encontrar privacidad es todo un desafío. Hay una sala de relajación oscura, con música tranquila y un ambiente meditativo, que se ha vuelto muy popular entre los atletas, por motivos que van más allá de la meditación, tal como destaca el Daily Mail. Algunos comentarios humorísticos hablan de la sala como “zona VIP de creatividad”.
El equipo canadiense ha tomado una decisión práctica ante la situación: trasladarse a un hotel de cinco estrellas, donde la combinación de comodidad y privacidad parece más fiable que los escasos condones de la villa. Mientras tanto, los otros equipos tienen que hacer malabares para gestionar su vida privada en un espacio compartido con miles de compañeros de competición. La situación ya ha provocado bromas y comentarios entre los participantes y comentarios deportivos: algunos imaginaban cursos exprés sobre “cómo hacer cola para un condón”, mientras otros hablan de la posibilidad de un mercado de intercambio de condones entre delegaciones.
A pesar de todo, los organizadores defienden la iniciativa. El objetivo continúa siendo proporcionar acceso a medidas de prevención y recordar a los atletas la importancia de la salud sexual, incluso en medio de la presión competitiva y la vida compartida de la villa olímpica.
Así, mientras algunos deportistas compiten por medallas y récords mundiales, otros se encuentran corriendo por las zonas comunes buscando un condón o simplemente haciendo uso de la imaginación. Los Juegos Olímpicos de Invierno de Milán han dejado claro que, aparte de pistas de esquí y patinaje, la villa olímpica también es el lugar de pequeñas historias que harán reír durante años: atletas con prisas, paquetes vacíos y una lección clara: cuando se trata de sexo seguro, incluso los olímpicos pueden encontrarse a oscuras.