El 2026 promete ser un año lleno de retos en el ámbito internacional, con diversos conflictos que podrían determinar la seguridad y la estabilidad en regiones estratégicas. Tal como destaca la Nota Internacional “El mundo en 2026”, elaborada por el equipo investigador del CIDOB y presentada este mes de diciembre, estas son las cinco crisis que merecen especial atención el próximo año.
1. Venezuela y el aumento de la presencia militar en el Caribe
El Caribe vive una escalada sin precedentes con la intensificación de la presencia militar estadounidense, especialmente a través del Comando Sur y la Cuarta Flota de los Estados Unidos. Esta operación busca presionar al gobierno de Nicolás Maduro para provocar un cambio político en Venezuela, pero las repercusiones van más allá, afectando a países vecinos como Panamá y Colombia. Esta dinámica hace revivir una versión actualizada de la Doctrina Monroe, con un incremento de tensiones que puede desestabilizar toda la región.
2. Ucrania, entre la búsqueda de paz y la incertidumbre
Tras un 2025 marcado por la guerra y la diplomacia, Ucrania afronta un año decisivo. Los intentos de alcanzar un acuerdo de paz están cargados de incertidumbre, con una propuesta que parece impuesta por Moscú y que no logra satisfacer plenamente ni a ucranianos ni a europeos. El estado del conflicto es más bien una congelación de las hostilidades que una resolución definitiva. Las negociaciones están estancadas, y la situación política interna ucraniana, afectada por escándalos y debilidades, complica aún más el panorama.

3. Oriente Medio, donde las tensiones no dan tregua
A pesar de los esfuerzos diplomáticos, Oriente Medio continuará siendo un punto caliente. La región de Gaza, Líbano e Irán mantienen fuegos latentes que podrían estallar en cualquier momento. Además, el proceso de transición en Siria sigue siendo frágil, con episodios recurrentes de violencia sectaria e influencias externas que complican la recuperación. Las próximas elecciones en Líbano y la expansión del programa nuclear iraní son factores que podrían intensificar aún más la volatilidad regional.
4. La crisis persistente en Sudán
Tras años de conflicto, Sudán continúa inmerso en una grave crisis humanitaria, con violencia que se extiende a nuevas regiones como Kordofán. La intervención de fuerzas como las Fuerzas de Apoyo Rápido ha aumentado la inestabilidad. La falta de financiación y la intervención de potencias externas, como los Emiratos Árabes Unidos y Egipto, complican la resolución del conflicto. A pesar del interés manifestado por Donald Trump por mediar en él, todavía es incierto si habrá un cambio significativo en la dinámica de la guerra. Cabe recordar que la guerra civil de Sudán (iniciada en 2023) ha derivado en una de las crisis humanitarias más graves del mundo, con estimaciones de hasta 150.000 muertos hasta ahora y más de 12 millones de personas desplazadas por la violencia y el hambre.
5. República Democrática del Congo, entre la diplomacia y el conflicto armado
La República Democrática del Congo aún vive una situación frágil a pesar de los esfuerzos diplomáticos. El acuerdo de Doha sentó las bases para una pacificación, pero los enfrentamientos violentos continúan, especialmente con el grupo insurgente M23, con el apoyo de Ruanda. Además, otros grupos armados, como las Fuerzas Democráticas Aliadas vinculadas al Estado Islámico, agravan la crisis humanitaria, que ya afecta a millones de personas desplazadas en las zonas orientales del país. Según algunos informes, el conflicto ha causado un número incierto, pero alto de víctimas y desplazamientos: más de 7 millones de personas internamente, en abril, y el combate intenso ha provocado miles de muertes civiles en ofensivas recientes y ocupaciones de ciudades como Goma y Bukavu.