La ola de calor suprema hace que sea muy difícil dormir y descansar por las noches. Durante décadas, las noches habían sido el alivio natural después de una jornada de calor intenso. Pero este refugio climático se está desvaneciendo. Mientras las olas de calor son cada vez más frecuentes y persistentes, los científicos advierten ahora de un fenómeno igual de preocupante: las noches se están calentando más rápidamente que los días.
Un estudio internacional publicado esta semana concluye que el estrés térmico, es decir, el calor real que percibe y soporta el cuerpo humano, ha aumentado de manera sostenida en todo el planeta durante las últimas décadas. Y lo ha hecho especialmente durante la noche, reduciendo la capacidad de recuperación de las personas después de los episodios de temperaturas extremas.
La investigación, basada en datos recogidos entre 1950 y 2024, muestra que las diez noches más cálidas de cada año se han calentado a un ritmo superior al de los diez días más calurosos. Puede parecer una diferencia pequeña, pero las consecuencias son importantes. Cuando las temperaturas nocturnas se mantienen elevadas, el cuerpo tiene más dificultades para regularse, aumenta el riesgo para la salud y se multiplica el impacto sobre colectivos vulnerables como las personas mayores, los niños o las personas con enfermedades crónicas.
El sur de Europa, la región donde crece más el estrés térmico
Para los países mediterráneos, la conclusión es especialmente relevante. Según el estudio, el sur de Europa es una de las regiones donde el estrés térmico ha crecido con más intensidad. En comparación con la década de los setenta, hay zonas que registran hasta cincuenta días más al año con niveles de calor considerados fuertes o extremos.
Es una realidad que Catalunya conoce bien. Las llamadas noches tropicales —cuando el termómetro no baja de los 20 grados— son cada vez más habituales, especialmente en las áreas urbanas y costeras. En algunos municipios, aquello que antes era excepcional se ha convertido en una constante durante buena parte del verano.
El estudio también pone de manifiesto que el problema ya no afecta solo a las regiones tradicionalmente cálidas. El área geográfica expuesta a episodios de calor extremo se ha ampliado y zonas que hace unas décadas casi no sufrían este fenómeno ahora experimentan periodos prolongados de temperaturas peligrosas.
La dimensión humana de la cuestión es considerable. Los investigadores calculan que la población mundial expuesta al menos un día al año a condiciones de estrés térmico extremo ha pasado del 16% al 22%. En términos absolutos, esto representa cerca de mil millones de personas más.
El calor, principal causa de mortalidad asociada
El calor es actualmente la principal causa de mortalidad asociada a los fenómenos meteorológicos. Además de incrementar el riesgo de golpes de calor, agrava patologías cardiovasculares, respiratorias y problemas de salud mental. El peligro es aún mayor cuando varios días de temperaturas extremas se encadenan con noches que impiden descansar adecuadamente.
El mensaje del estudio es claro. Adaptarse al nuevo escenario climático ya no es una cuestión de futuro, sino de presente. Más espacios verdes en las ciudades, sistemas de alerta, refugios climáticos y viviendas mejor preparadas para soportar el calor forman parte de una respuesta que cada vez es más urgente.
Porque la verdadera señal de alarma no es solo que los veranos sean más calurosos. Es que el calor, cada vez más, también se queda a dormir.