El ex dictador del Chad, Hissène Habré, ha sido condenado a cadena perpetua por los crímenes cometidos durante su mandato por un tribunal especial organizado por la Unión Africana. El tribunal ha considerado que Habré era culpable de violaciones y relaciones sexuales forzosas, raptos, torturas y crímenes contra la humanidad, pero ha sido absuelto de la acusación de crímenes de guerra. Su abogado tiene 15 días para recurrir la sentencia.

Sentencia

El tribunal ha considerado probado que Habré tenía un control directo de la represión entre 1982 y 1990. El dictador, que además de jefe de Estado era jefe de las Fuerzas Armadas y jefe de la Guardia Presidencial, tenía el control directo de la represión que ejercía la Dirección de Documentación y Seguridad, y la Brigada de la Seguridad Interior. Se considera que la represión de Habré causó la muerte a 40.000 personas, y que 200.000 podrían haber sido torturadas. La sentencia ha sido recibida con entusiasmo por las víctimas reunidas en la sala del tribunal. Habré ha reaccionado con indiferencia, como lo ha hecho durante todo el juicio. Uno de sus abogados, Mounir Balal, ha declarado que es probable que apelen la sentencia. 

Euforia entre los defensores de los derechos humanos

Amnistía Internacional ha calificado la sentencia de histórica. Su investigador para África Occidental, Gaetan Mootoo, ha declarado que espera que esta sentencia abra la puerta a nuevos juicios contra jefes de Estado responsables de violaciones de derechos humanos. Human Rights Watch, que desde 1999 había intentado procesar Habré, y que ha llevado el peso de la acusación, considera que finalmente se ha hecho justicia con sus víctimas y ha reivindicado la necesidad de una jurisdicción universal. El juez español Baltasar Garzón, que se ha defendido en la defensa de la justicia universal, también ha considerado que la sentencia a Habré como "histórica". Y el Alto Comisionado para los Derechos Humanos de la ONU se ha felicitado por el veredicto.

Felicitaciones atípicas

Paradójicamente, han llegado felicitaciones de algunos gobiernos que han hecho todo lo posible, en su caso, para bloquear la jurisdicción universal. El gobierno español, que se niega a juzgar a los responsables del crimen del franquismo o a extraditarlos, ha considerado que la sentencia constituye "un triunfo histórico de la justicia internacional, de la cooperación en la región africana y de la lucha contra la impunidad". El secretario de Estado norteamericano, John Kerry, también ha elogiado la sentencia, aunque su gobierno siempre se ha negado a que sus ciudadanos sean juzgados por tribunales internacionales. De hecho, Habré había sido protegido, mientras gobernó, por Estados Unidos y por Francia, que lo consideraban un aliado potente, en la lucha contra el régimen libio de Gaddafi.

Hissène Habré

Hissène Habré (1942) es un tubu del norte del Chad. Estudió Ciencias Políticas en Francia y retornó a Chad en 1971. Se integró en el grupo Fuerzas Armadas del Norte (FAN), de carácter étnico, donde protagonizó el secuestro de tres franceses en el Tibesti. Más tarde dejó las armas, y fue primer ministro de 1978 en 1979. En 1982 dio un golpe de Estado con el apoyo de Estados Unidos y se empezó a enfrentar a los libios, que tenían mucha influencia en el país. Con apoyo militar francés inició una guerra por recuperar un territorio del norte del país ocupado por Libia, y consiguió expulsar a los libios en 1987. Después de la retirada de los libios, su gobierno se debilitó, porque se redujo el apoyo internacional. Una revuelta derribó a Habré en 1990; era dirigida por el general de etnia zaghawa Idris Deby, quien también ha sido acusado de violaciones de los derechos humanos. Después de dejar el poder, Habré se refugió en Dakar donde vivió con todo lujo hasta que empezó a ser perseguido. 

Un juicio difícil

Las víctimas de Habré se organizaron para denunciar al dictador. Pero hasta el 2000 no consiguieron empezar a poner en marcha un proceso en Senegal. El tribunal sufrió muchas presiones políticas, y finalmente decidió no aceptar el caso. Las víctimas se trasladaron a Bélgica, donde denunciaron a Habré. Cuando el juez belga procesó a Habré, los jefes de Estado africanos se opusieron, argumentando que se trataba de una decisión neocolonial. Finalmente Bélgica acusó a Senegal ante la Corte Internacional de Justicia (ICJ), porque ni juzgaba a Habré ni lo entregaba. En 2012, la ICJ dictaminó que Senegal tenía que juzgar sin demora a Habré. El gobierno delSenegal acordó con la Unión Africana la creación de un tribunal interafricano para este caso. Finalmente, en febrero de 2013 se constituyeron las Cámaras Especiales Africanas, con un juez de Burkina Faso y dos magistrados asistentes senegaleses. Casi un centenar de víctimas viajó a Dakar para testificar contra el autócrata. Sus testimonios han sido clave para conseguir la condena. Pero hay malestar entre los jefes de Estado africanos por esta sentencia, que supone el fin de su impunidad.