Llegar puntual puede parecer una cuestión sencilla: solo hay que calcular bien el tiempo y salir de casa con suficiente antelación. Pero, para algunas personas, cumplir los horarios es mucho más complicado. Siempre aparece un último mensaje que responder, una tarea que quieren terminar antes de irse o la sensación de que todavía tienen tiempo de hacer algo más. El resultado es que acaban llegando tarde una y otra vez. A continuación te explicamos por qué algunas personas siempre llegan tarde y cómo evitarlo.
Las personas que siempre llegan tarde tienen una explicación
En una sociedad en la que parece que cada día hay que hacer más cosas, el tiempo se ha convertido en un recurso cada vez más preciado. Todos vivimos pendientes del reloj, pero no todo el mundo lo gestiona de la misma manera. De hecho, hay personas que tienden a llegar antes de hora y otras que tienen muchas dificultades para calcular cuándo deberían empezar a prepararse.
Un estudio de YouGov publicado en 2014 apuntaba que una de cada cinco personas en Estados Unidos llegaba tarde al trabajo al menos un día a la semana. La puntualidad, por lo tanto, no es solo una cuestión individual, sino un comportamiento bastante habitual.
Para entender por qué ocurre, la escritora británica Grace Pacie analizó su propia relación con el tiempo. Sus conclusiones quedaron recogidas en el libro Late!: A Timebender's Guide to Why We Are Late and How We Can Change, en el que explica diferentes perfiles relacionados con la puntualidad. Pacie describe una especie de continuidad entre dos maneras de entender el tiempo. En un extremo están los que llaman protectores del tiempo, personas que prefieren llegar con antelación y que pueden sentir cierta inquietud ante la posibilidad de llegar tarde.
En el otro lado están los llamados flexores del tiempo (timebenders), que tienden a calcular los horarios de una manera diferente. A menudo pueden pensar que tienen suficiente margen para completar una última tarea antes de salir o pueden subestimar cuánto tardarán en un trayecto.
La dificultad de las personas que nunca llegan puntuales
Esta percepción del tiempo es precisamente uno de los factores que puede explicar los retrasos constantes. No siempre se trata de falta de interés o de respeto por los demás. La dificultad para calcular duraciones, priorizar tareas o anticipar imprevistos también puede tener un papel importante.
Para intentar mejorar la puntualidad, una de las estrategias más útiles es dejar de calcular los trayectos únicamente por el tiempo ideal. Si el recorrido dura veinte minutos en condiciones perfectas, es preferible añadir un margen para el tráfico, encontrar aparcamiento, esperar el transporte público o cualquier imprevisto. También puede ayudar a poner una hora límite para dejar de hacer cualquier otra actividad antes de salir. En lugar de pensar "todavía tengo diez minutos", es más efectivo establecer una alarma que indique cuándo hay que empezar a prepararse.
Finalmente, convertir los horarios en rutinas puede reducir la necesidad de calcular constantemente el tiempo. Preparar la ropa, el bolso o los objetos necesarios con antelación permite empezar el trayecto sin acumular pequeñas tareas que, minuto a minuto, acaban provocando el retraso.
