Dany Blázquez, psicólogo, sobre la puntualidad: “Son rasgos de la personalidad, pero se puede moldear”

Dany Blázquez, psicólogo, ha explicado que la puntualidad no depende solo de tener buena educación o de poner más alarmas en el móvil. Llegar pronto, llegar tarde o calcular mal los tiempos tiene relación con rasgos de personalidad, con la forma en que cada persona organiza tareas y anticipa lo que debe hacer después. Por eso su frase es clara: “Son rasgos de la personalidad, pero se puede moldear”.

La puntualidad suele asociarse con personas más ordenadas, responsables y conscientes de las consecuencias que tiene hacer esperar a los demás. En cambio, la impuntualidad crónica puede aparecer en perfiles más impulsivos, con peor regulación emocional o con tendencia a subestimar el tiempo real que necesitan para prepararse, desplazarse o cerrar tareas antes de empezar otra.

No es solo un tema de mirar el reloj

Blázquez también apunta a un concepto clave: la memoria prospectiva. Es la capacidad de recordar algo que hay que hacer en el futuro, como salir de casa a una hora concreta o llegar a una reunión. Algunas personas no fallan porque no les importe, sino porque gestionan peor esa anticipación y se engañan pensando que todavía tienen margen.

Persona cambio de hora reloj / Ricardo Rubio / Europa Press
Persona cambio de hora reloj / Ricardo Rubio / Europa Press

Ahí aparece uno de los errores más comunes. Muchas personas llenan el móvil de alarmas, pero terminan ignorándolas o usándolas para apurar todavía más. En lugar de salir, calculan que pueden hacer una cosa más. El resultado es el mismo: el tiempo se comprime, aparece la prisa y la llegada tarde se convierte en rutina.

Se puede entrenar y mejorar

La parte positiva es que, según Blázquez, el comportamiento sí puede moldearse. La personalidad influye, pero no condena. Una persona impuntual puede mejorar si cambia el sistema, no solo la intención. Salir diez minutos antes, preparar la ropa la noche anterior, calcular desplazamientos con margen real o poner una única alarma de salida puede ser más útil que prometerse llegar antes.

También ayuda cambiar la lectura emocional de la puntualidad. No es únicamente una manía de personas rígidas, sino una forma de respetar el tiempo propio y el ajeno. Llegar tarde constantemente genera tensión, culpa, discusiones y una imagen de poca fiabilidad, aunque no exista mala intención. Por eso la puntualidad funciona como un espejo de hábitos, personalidad y autocontrol. Hay quien nace más organizado, pero nadie está obligado a vivir atrapado en la impuntualidad. Se puede moldear, siempre que se deje de tratar como excusa y se empiece a trabajar como conducta.