Vamos a la Dordoña; y, más concretamente, al Périgord Negro; uno de los territorios del viejo país de Limoges, en el centro del actual estado francés. El Périgord y el país de Limoges tienen una extraordinaria y, al mismo tiempo, desconocida relación con Catalunya. Concluida la edad media y coincidiendo con la gran crisis política y económica francesa del siglo XVI, se produciría una formidable emigración limosina a Catalunya, entonces tierra de promisión. Los limosinos, en particular, y los occitanos en general duplicaron la población y cuadruplicaron la producción de nuestro país; y, en la actualidad, muchos catalanes clavan sus raíces en el país limosino sin saberlo.
¡Apúntate aquí y no dejes que te lo expliquen!🙌🏼
En cambio, sí que conocemos la tonada y la letra de la canción infantil “En Jan Petit quan balla”; y pensamos que es un personaje imaginario. Nada más lejos de la realidad. También en Jan nos conecta con nuestro pasado. En el siglo XVII, en medio de otra gran crisis francesa, aparece liderando la Jacquerie, un movimiento revolucionario que puso al régimen borbónico francés al borde de la caída (Luis XIV, el Rey Sol y el que diría que “el catalán le repugnaba y era contrario al honor de la nación francesa”). El régimen borbónico lo capturaría, lo torturaría, lo colgaría y lo descuartizaría. Y desmantelaría la Jacquerie, la revolución que soñaba y hablaba en occitano, lengua hermana del catalán
Muerto Jan, la canción pasó a Catalumya, pero la letra original fue sensiblemente alterada. La de verdad decía: “En Jan Petit cuando baila… baila, baila, baila; en Jan Petit cuando baila…; Baila con el dedo. Y si el rey de Francia quiere bailar – y en ese momento todo el mundo levantaba la mano haciendo la figa - … Que suba encima del dedo”. Vamos al valle alto de la Dordoña, al Périgord; zona de choque durante la guerra de los Cien Años que dejó la impronta inglesa en la arquitectura de las ciudades, villas, castillos y masías (XIV y XV). Vamos al país de nuestros antepasados lemocines que cambiaron la fisonomía de Catalunya (XVI y XVII). Y vamos al país del sueño revolucionario de Jan Petit (XVII).
¿Cuándo vamos?
Del 5 al 10 de octubre de 2026.
¿Adónde vamos?
Sarlat
Sarlat, la capital del Perigord Negro, será el campamento base de nuestra aventura lemosina. Algunos historiadores del arte consideran que la capital del Perigord Negro es la ciudad con la máxima densidad de monumentos del mundo. El centro histórico alberga 65 edificios monumentales, lo que haría que el escritor Henry Miller proclamara “Sarlat es el paraíso de Francia”. En Sarlat, nos adentraremos por casonas, calles y plazas de la Edad Media; que explican una historia muy desconocida para nosotros: la guerra de los Cien Años; el conflicto más largo de la historia de la humanidad y uno de los más mortíferos de la historia europea; con protagonistas como el Príncipe Negro o Juana de Arco.
Bainac y Casenac
Si Sarlat, a través de su extraordinaria trama urbana, nos explica la guerra de los Cien Años; Bainac y Casenac, nos explican las historias de picas y mallas, de justas y de torneos y de dragones y princesas; propias de la larga y convulsa edad media. Con su formidable fortaleza medieval sobre un imponente cerro que controla el paso del río (¡y de su tránsito!…, la Dordoña es navegable desde tiempos inmemoriales). “Descubriremos” su trama urbana dispuesta, haciendo equilibrios, sobre las rocosas cornisas que caen hasta el curso fluvial. Y “descubriremos” que ha sido una disputadísima plaza durante todos los conflictos de los últimos mil años. También, naturalmente, durante el de los Cien Años.
El castillo de Les Milandes
El castillo de las Milandes narra otras historias. Edificado a finales de la edad media, cuando la ingeniería militar había dado un formidable salto evolutivo, es uno de los primeros castillos que ha transitado de la tradicional función defensiva al nuevo uso residencial. Parcialmente destruido y abandonado durante las Guerras de Religión (s. XVI), pasados trescientos años el negociante Charles Claverie lo reconstruiría; y, poco después (1948), la actriz Josephine Baker lo convertiría en un refugio de niños abandonados; de tal forma que su traza acaba siendo una curiosa simbiosis entre lujosa residencia victoriana y casa de acogida que podría inspirar la película “Los niños del coro”.
La navegación por la Dordoña
Ir al Perigord y no navegar por el río Dordoña sería una traición a la actividad más antigua de aquel territorio. Desde la antigüedad y hasta el siglo pasado, la Dordoña (los ríos occitanos son femeninos) sería navegable, prácticamente, desde su nacimiento: 400 kilómetros de vía fluvial. Con la dimensión que, modernamente, han adquirido los barcos; ya solo lo es en su tramo bajo. Pero esto, no nos impedirá revivir las experiencias de los marineros de ribera y de los almadieros que durante siglos surcaron aquellas aguas; y navegaremos en una gabarra que nos dará otra visión del país, esta vez desde el río. Una evocadora experiencia que nos transportará a un pasado de esforzados navegantes.
Jardines de Marqueyssac
El valle de la Dordoña es una explosión de paisajes. Creados por la naturaleza o fabricados por la mano humana. Iremos a “perdernos” en Marqueyssac, uno de los espacios naturales más grandes del mundo fabricados por la mano humana. Creado en el siglo XIX, recoge la tradición inglesa de siglos de dominación y la influencia victoriana que, en aquel momento, proyectaba el Imperio británico. Marqueyssac podría estar, perfectamente, en el centro de la campiña inglesa; y, en cambio, está en el Perigord. Veintidós hectáreas de jardines con sus caminos forestales que bordean inmensos parterres y pequeños “chateaux” inspirados en los “cottage” ingleses; serán los protagonistas de nuestra particular inmersión en este curioso espacio.
La Roche-Gageac y Domme
El valle de la Dordoña también es una explosión de pueblos y villas, algunos emplazados sobre cornisas y tallados en un difícil equilibrio entre la fuerza de la naturaleza y la determinación humana. Nos adentraremos en La Roque-Gageac (rebautizado Roque-Gageac, en francés), un pueblo edificado sobre una cornisa natural que desafía, al mismo tiempo, el agua del río y la pared vertical de la montaña. También nos adentraremos en la ciudad fortificada de Domme (rebautizada Domme, en francés); que fue uno de los últimos reductos y, también, la prisión de los últimos templarios. Veremos en las paredes de la torre-mazmorra, los enigmáticos mensajes que dejaron escritos los templarios prisioneros que pasaron allí sus últimos días.
Ròcamador y la Simas de Padirac
Iremos a Ròcamador (rebautizado Rocamadour, en francés), para “descubrir” el pueblo más espectacular del valle de la Dordoña. Totalmente colgado sobre las estrechas cornisas de los acantilados que forman el desfiladero por donde discurre el río Aizou; e incluso, en algunos lugares, directamente excavado en la roca. Ròcamador, tiene en común con nuestro país, un santuario con una Virgen negra. Ascenderemos a la basílica por la escalera de piedra que se eleva a través de las cuevas de la roca. Y en este contexto de desafío a la ley de la gravedad, nos adentraremos en la Sima de Padirac y con un ascensor nos descolgaremos 90 metros hasta tocar el agua del río subterráneo que la surca.
Las cuevas paleolíticas de Las Caus (rebautizadas Lescaux, en francés) y La Roca de Sant Cristòl
Nuestra aventura lemosina culminará en las cuevas de Las Caus. Nos adentraremos en este espacio natural subterráneo – considerado la “Catedral del paleolítico” – para “descubrir” uno de los conjuntos de pinturas rupestres más importantes del mundo. A través de estas representaciones sabremos qué preocupaba a aquellos hombres y mujeres de hace veinte mil años, y por qué aquellas escenas las pintaban ellas y no ellos. Y sin alejarnos, “descubriremos” la Ròca de Sant Cristòl (rebautizado Roque Saint-Cristophe, en francés); una balma de más de un kilómetro a media altura de un acantilado que estuvo ininterrumpidamente habitada desde la prehistoria hasta la edad media.
Al llegar y al marcharse: Carcasona y Toulouse
Para ir y volver del Perigord Negro, atravesaremos Occitania de sureste a noroeste. Por el camino, a la ida, nos detendremos en Carcasona, origen de la estirpe que gobernó el Casal de Barcelona durante la edad media. En Carcasona “descubriremos” a los Bellónidas y a los Trencavell; la terrible represión contra los cátaros y el castillo medieval, renovado por Vauban en el siglo XVII. Y al volver, nos detendremos en Toulouse, la “ciudad rosa” por el color de los ladrillos de sus edificaciones históricas; y la gran capital del Languedoc. Y “descubriremos” una ciudad históricamente muy relacionada con Barcelona, que en un momento podría haber sido la gran capital de un estado catalano-occitano que no fue.
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