Cuando aparece una lesión después de correr, jugar al pádel o empezar a entrenar, es habitual señalar directamente al deporte como culpable. Sin embargo, Toni, fisioterapeuta y creador de Fisioteduca, propone mirar el problema desde otro ángulo. “Dejad de echarle la culpa al deporte por lesionaros. El problema está en la falta de capacidad”, explica. Su planteamiento parte de una idea sencilla: muchas veces el cuerpo recibe una exigencia para la que todavía no está preparado.
Esto ocurre especialmente cuando alguien pasa de una vida sedentaria a realizar una actividad intensa en muy poco tiempo. El organismo necesita adaptarse progresivamente a correr, saltar, levantar peso o repetir determinados movimientos. Si esa progresión no existe, la carga puede superar la capacidad que tienen en ese momento los músculos, tendones o articulaciones.
El problema no siempre está en correr o jugar al pádel
Toni utiliza el auge del running como ejemplo. Muchas personas empiezan a correr después de años con poca actividad y, cuando aparece dolor en la rodilla, concluyen que correr “destroza” las articulaciones. Para el fisioterapeuta, esa interpretación puede ser demasiado simple: el problema puede estar en haber aumentado demasiado rápido la distancia, la frecuencia o la intensidad.

La misma lógica puede aplicarse a otros deportes. Empezar jugando varios partidos de pádel por semana, regresar al gimnasio levantando los mismos pesos de años atrás o correr diez kilómetros sin haber construido antes una base supone aumentar de golpe la demanda. La clave está en conseguir que la capacidad física crezca al mismo tiempo que lo hace la carga.
El cuerpo necesita tiempo para adaptarse
Por eso, la recomendación no pasa necesariamente por abandonar la actividad que ha generado molestias. Toni apuesta por construir progresivamente una base y elegir una actividad que resulte asumible y agradable. Incluso plantea que, antes de entrenar más, algunas personas deberían empezar mejorando otros hábitos como el sueño. Esto tampoco significa que cualquier dolor pueda ignorarse o que todas las lesiones tengan la misma causa. Una molestia persistente, intensa o recurrente debe valorarse profesionalmente. Pero la reflexión del fisioterapeuta sirve para cambiar el enfoque: el deporte no tiene por qué ser el enemigo.
El objetivo es conseguir que el organismo esté preparado para soportarlo. En vez de preguntar únicamente qué ejercicio provocó la lesión, puede ser más útil preguntarse si el cuerpo tenía entonces la fuerza, la tolerancia y la adaptación necesarias para asumir esa carga.