Colocar un ventilador frente a una ventana abierta parece lógico, pero no siempre funciona. El resultado depende de la temperatura exterior, de la orientación de la vivienda y de hacia dónde mueve realmente el aire el aparato. Si fuera hace más calor que dentro, introducir ese aire puede empeorar la sensación térmica.
El ventilador no enfría el aire, simplemente lo desplaza. Cuando está dirigido hacia una persona, la corriente favorece la evaporación del sudor y hace que sintamos menos calor. Sin embargo, si se coloca junto a una ventana durante las horas centrales del día y empuja aire exterior muy caliente hacia dentro, puede acelerar el calentamiento de la casa en lugar de evitarlo.
La dirección del aire importa más que la ventana
Durante la noche o a primera hora de la mañana, cuando la temperatura exterior es inferior a la interior, sí puede ser útil colocar el ventilador cerca de una ventana. En ese momento puede introducir aire fresco o, en algunas configuraciones, utilizarse mirando hacia fuera para expulsar el aire caliente acumulado durante el día y favorecer que entre aire más fresco por otra abertura.

La estrategia funciona todavía mejor cuando existe ventilación cruzada. Abrir dos ventanas situadas en lados diferentes de la vivienda permite crear un recorrido natural del aire. El ventilador puede reforzar ese movimiento, pero debe colocarse de forma que ayude al flujo existente. Ponerlo sin tener en cuenta de dónde viene el aire puede generar turbulencias y mover únicamente el mismo aire caliente.
De día puede ser mejor cerrar que ventilar
Cuando en el exterior hay 35 grados y dentro de casa se mantienen 28, abrir la ventana y apuntar el ventilador hacia el interior no suele ser una buena idea. En esas horas resulta más efectivo cerrar las ventanas expuestas al calor, bajar persianas y limitar la entrada de radiación solar hasta que la temperatura exterior vuelva a descender.
El truco, por tanto, no consiste simplemente en acercar el ventilador a cualquier ventana abierta. Primero hay que comparar la temperatura de dentro y fuera y decidir qué queremos conseguir: introducir aire más fresco o expulsar el calor acumulado. Un ventilador bien orientado puede acelerar la ventilación; mal colocado, puede limitarse a repartir aire caliente y hacer que una habitación tarde más en recuperar una temperatura agradable de nuevo.