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Poner el aire acondicionado a 18 grados parece una forma rápida de enfriar la habitación, pero los técnicos insisten en que no funciona así. El aparato no expulsa aire más frío por bajar el termostato varios grados de golpe. Simplemente recibe la orden de seguir funcionando hasta alcanzar una temperatura mucho más baja, por lo que permanece encendido durante más tiempo y aumenta el consumo eléctrico.

La diferencia se nota especialmente en los días más calurosos. Si fuera hay más de 30 grados y se programa el equipo a 18, la máquina tendrá que trabajar durante mucho más tiempo para acercarse a ese objetivo. El Instituto para la Diversificación y Ahorro de la Energía considera suficiente una temperatura de 26 grados o superior con ropa adecuada para mantener el confort en una vivienda.

Bajar el termostato no acelera el enfriamiento

Uno de los errores más habituales consiste en utilizar el mando como si fuera el acelerador del aparato. En realidad, fijar 18 grados no significa que el equipo vaya a enfriar antes que si se programa a 24 o 25. Lo que cambia principalmente es el momento en el que dejará de exigir refrigeración. Cuanto más baja sea la temperatura objetivo, más tiempo deberá trabajar el compresor para intentar mantenerla.

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Esto tiene un efecto directo sobre la factura. La OCU estima que cada grado adicional de refrigeración puede incrementar alrededor de un 10% el coste de funcionamiento del equipo. Además, mantener diferencias muy grandes entre la temperatura exterior y la interior tampoco es necesario para sentirse cómodo. Una regulación razonable permite refrescar la vivienda sin obligar al aparato a trabajar continuamente durante horas.

Entre 24 y 26 grados suele ser suficiente

Los especialistas recomiendan empezar con una temperatura situada aproximadamente entre 24 y 26 grados y dejar que el aparato haga su trabajo. Cerrar persianas durante las horas de mayor radiación, evitar abrir continuamente puertas y ventanas y mantener limpios los filtros también ayuda a alcanzar antes la sensación de confort sin recurrir a temperaturas extremas que disparan el consumo.

Por eso, poner el aire acondicionado a 18 grados no ofrece el atajo esperado. La habitación no se enfría más deprisa y el sistema puede permanecer funcionando durante más tiempo intentando alcanzar una temperatura innecesariamente baja. Ajustar correctamente el termostato, reducir la entrada de calor y mantener el equipo en buenas condiciones es una estrategia más eficaz para pasar el verano sin convertir el aire acondicionado en uno de los mayores gastos de la vivienda.