Muere el president Irla, eslabón indiscutible entre los presidents Companys y Tarradellas

Tal día como hoy del año 1958, hace 68 años, moría en Sant Rafèu (Provenza, Francia) Josep Irla i Bosch, president del Parlament de Catalunya en el exilio (1939-1940), quien, tras el fusilamiento del president Companys (1940) y de acuerdo con el reglamento del gobierno de Catalunya (1932), se convertiría en el segundo president de la Generalitat en el exilio —el primero en ser nombrado fuera del país—. Durante catorce años (1940-1954), ejercería sus funciones, a pesar de las circunstancias extremadamente adversas, con la lealtad y la responsabilidad que exigía la dignidad que representaba. Josep Irla sería también el depositario de la legitimidad republicana que uniría las presidencias de Companys (1934-1940) y de Tarradellas (1954-1980) y que contribuiría a mantener activa la institución y a proyectarla hacia el futuro.

Josep Irla había nacido en 1876 en Sant Feliu de Guíxols (Baix Empordà), en una familia humilde de obreros de la industria corchera. La falta de recursos económicos de la familia impidió que Irla pudiera cursar estudios superiores. No obstante, en el transcurso de su vida, se cultivaría de forma autodidacta hasta convertirse en una de las personalidades con más categoría intelectual y solvencia cultural de la política catalana. Su proverbial seriedad y su extraordinaria capacidad de gestión lo llevarían a ejercer la dirección de la red de escuelas y de bibliotecas de la Generalitat (1937-1939), la dirección del patrimonio artístico y arqueológico de Catalunya (1937-1939) y la presidencia del Parlament (1938-1940). Se convirtió en el tercer president de la institución, después de Companys y de Casanovas.

En el año 1939 inició el camino del exilio y su patrimonio personal sería confiscado y usurpado por los falangistas, y tras toda una vida de trabajo y de gestión al frente de una próspera industria corchera, se vería abocado a una situación de precariedad económica que, sin embargo, no le impediría ejercer su responsabilidad con dignidad y con criterio (1940-1954). Consiguió institucionalizar la relación entre los catalanes de América —tanto los emigrantes como los exiliados— y la Generalitat, que sería decisiva para el mantenimiento económico de la institución. Con la muerte de sus colaboradores Pompeu Fabra (1949) y Rovira i Virgili (1950), entregaría el testigo de la presidencia —en palabras de Tarradellas— "viejo, enfermo y pobre" (1954).