Susanna Griso creció rodeada de una historia familiar muy vinculada al cava. Su segundo apellido, Raventós, conecta directamente con una de las familias más conocidas del sector, aunque ella siempre ha querido separar ese origen de cualquier idea de fortuna personal. De su infancia, sin embargo, conserva recuerdos muy particulares relacionados con las bodegas, las reuniones familiares y unas costumbres que hoy resultarían difíciles de imaginar.
Una de ellas la contó en septiembre de 2021 durante su paso por El Faro, el programa de Mara Torres en Cadena SER. Allí recordó que en su familia la relación con el cava empezaba prácticamente desde el nacimiento: “Incluso a los niños nos daban una cucharadita de cava cuando nacíamos”. Griso explicó que su madre descendía de la familia Codorníu y que aquella conexión hizo que el cava estuviera muy presente durante toda su infancia.
Una infancia muy ligada a las bodegas familiares
No fue la única vez que la presentadora habló de aquella curiosa tradición. Meses antes, en Espejo Público, ya había relatado que cuando nació le dieron una pequeña cucharada de cava y que lo mismo había ocurrido con sus hermanos. La propia Griso bromeó entonces con lo impensable que resultaría repetir actualmente una costumbre semejante.
Su relación con Codorníu, sin embargo, siempre la ha explicado desde un punto de vista sentimental y familiar. En una entrevista con La Razón aseguró que no era accionista de la compañía ni había recibido ningún beneficio económico por ese vínculo. Lo que sí recordaba eran las celebraciones familiares, la estricta puntualidad que imponía su abuelo materno y aquellos juegos infantiles escondiéndose entre las bodegas.
La pequeña de una familia de siete hermanos
Griso también ha contado en varias ocasiones que fue la menor de siete hermanos. En la conversación con Mara Torres explicaba con humor que su etapa como la pequeña de la casa duró poco, porque rápidamente empezó a compartir protagonismo con una extensa generación de sobrinos. Aquella estructura familiar marcó buena parte de sus primeros años y explica muchos de los recuerdos que conserva de reuniones multitudinarias.
La cucharadita de cava es probablemente uno de los más llamativos porque concentra en una sola anécdota la historia familiar de la periodista. No era simplemente una bebida presente en las celebraciones: formaba parte del paisaje de su infancia. Años después, Griso puede contarlo con humor y cierta incredulidad ante cómo han cambiado las costumbres. Lo que entonces parecía una tradición familiar más hoy se ha convertido en una de esas historias capaces de retratar toda una época.
