En Corea del Sur, el sistema de calefacción más eficiente no es una innovación reciente ni depende de grandes radiadores metálicos. Se llama Ondol y tiene siglos de historia detrás. Hoy, su versión modernizada se considera uno de los modelos más sostenibles y estéticos del mundo a la hora de mantener calientes las estancias de una casa.
El ondol tradicional funcionaba de forma ingeniosa, aprovechaba el humo generado por el fuego de la cocina y circulaba por canales construidos bajo el suelo de piedra antes de salir al exterior. Ese recorrido calentaba la base de la vivienda, acumulando calor que se liberaba lentamente durante horas. El resultado era una temperatura constante y uniforme, sin necesidad de radiadores ni ningún aparato que buscara generar calor.
Sin radiadores y con calor uniforme en toda la casa
A diferencia de los sistemas convencionales que calientan el aire, el ondol calienta la superficie del suelo. El calor asciende de manera natural y homogénea, reduciendo pérdidas energéticas y eliminando corrientes de aire frío. Esto mejora la eficiencia térmica y el confort.
En su versión moderna, el sistema ya no utiliza humo como tal. Se emplean calderas de biomasa, gas de alta eficiencia o incluso energía solar térmica para calentar agua que circula por tuberías bajo el pavimento. En algunos diseños más sostenibles, se combinan piedras o losas de alta inercia térmica que almacenan el calor y lo liberan progresivamente. La eficiencia radica en que el suelo radiante trabaja a temperaturas más bajas que los radiadores tradicionales, lo que reduce el consumo energético. Además, el calor se mantiene durante más tiempo incluso después de apagar el sistema.
Minimalismo y eficiencia energética en su máximo esplendor
El impacto del ondol no es solo técnico, también estético. Al no existir radiadores, las viviendas adoptan un diseño limpio y minimalista. El espacio se organiza a ras de suelo, una característica cultural coreana que favorece una vida más cercana al pavimento cálido. El calor es silencioso, constante y uniforme. No hay aparatos visibles ni ruido mecánico perceptible. Este equilibrio entre tradición y tecnología ha convertido al ondol moderno en un referente para arquitectos que buscan eficiencia sin renunciar al diseño.
Así pues, lejos de ser una moda, el sistema coreano demuestra que algunas de las soluciones más avanzadas pueden tener raíces ancestrales. Un método nacido hace siglos que hoy encaja perfectamente en la arquitectura sostenible contemporánea.
