La Seguridad Social ha reforzado los incentivos para retrasar la jubilación, una medida que busca premiar a quienes deciden seguir trabajando más allá de la edad legal establecida. Sin embargo, no siempre se trata de jubilarse justo después de los 65 años, ya que la edad ordinaria de jubilación depende directamente de los años cotizados a lo largo de la vida laboral y puede variar en algunos meses.
En la actualidad, quienes han cotizado más de 38 años y medio pueden jubilarse a los 65 años sin penalización. En cambio, aquellos que no alcanzan ese umbral ven cómo la edad legal se retrasa progresivamente hasta situarse en torno a los 66 años. Retrasar la jubilación, por tanto, significa continuar trabajando más allá de esa edad que legalmente corresponde a cada trabajador.
Retrasar la jubilación: qué significa y a quién afecta
Esta posibilidad afecta especialmente a trabajadores con carreras largas que, por decisión propia o por circunstancias laborales, optan por seguir en activo cuando ya podrían jubilarse. Frente a las penalizaciones que se aplican en las jubilaciones anticipadas, la Seguridad Social ha optado por un enfoque contrario al premiar económicamente a quienes alargan su vida laboral.

Por un lado, busca garantizar la sostenibilidad del sistema de pensiones y, por otro, ofrecer una compensación real a quienes continúan cotizando. Esta fórmula ha ganado protagonismo en los últimos años, especialmente tras las reformas del sistema, que han endurecido las salidas anticipadas. El trabajador no está obligado a retrasar su jubilación, pero si lo hace, accede a una serie de incentivos económicos.
Qué ganan quienes retrasan la jubilación
La Seguridad Social ofrece tres modalidades de incentivo, entre las que el trabajador puede elegir la que más le convenga. Una de las más destacadas es el aumento permanente de la pensión. Este incremento consiste en una subida de la pensión de por vida de entre el 4% por cada año extra trabajado si no se ha alcanzado la cotización completa, y del 4,75% por cada año adicional si sí se cumplen todos los requisitos de cotización. Es decir, no se trata de un pago puntual, sino de una mejora estructural que acompaña al jubilado durante toda su vida.
Así pues, retrasar la jubilación se ha convertido en una alternativa atractiva para muchos empleados que desean mejorar su pensión futura. Un modelo que contrasta con las fuertes penalizaciones de la jubilación anticipada y que abre un debate creciente sobre equidad y equilibrio dentro del sistema público de pensiones.