Roberto nunca pensó que acabaría ganándose la vida lejos de la sanidad. Durante años trabajó como técnico sanitario, conduciendo ambulancias y encadenando turnos exigentes, pero la conciliación familiar se volvió insostenible. Fue entonces cuando decidió dar un giro radical a su vida profesional y apostar por un oficio que, hasta ese momento, desconocía casi por completo, la cerrajería.
El cambio no fue sencillo, pero sí revelador. Roberto explica que lo que más le sorprendió no fue la demanda constante, sino el volumen de dinero que se mueve en el sector. “No pensaba que fuese así”, reconoce. Hoy, lejos de las guardias sanitarias, ha encontrado un negocio que le permite organizar su tiempo y estar más presente con su familia, a pesar de que pueden llamar de urgencia en cualquier momento para abrir una puerta.
Un negocio basado en urgencias y despistes cotidianos
La cerrajería tiene una particularidad clara, ya que funciona, en gran medida, gracias a las urgencias. Cada día, Roberto recibe entre dos y tres llamadas de personas que se han dejado las llaves dentro de casa, han perdido el juego o no pueden acceder a su vivienda por una avería en la cerradura. Son situaciones que no pueden esperar y que obligan a actuar con rapidez.

Según explica, el precio de una apertura puede variar enormemente en función del día, la hora y la urgencia. “Hay personas que llegan a cobrar 1.000 euros por abrir una puerta”, asegura. Especialmente de noche, en festivos o en situaciones límite.
Mucho dinero en movimiento y poca visibilidad
Lo que más llama la atención es que se trata de un sector poco visible, pero con una actividad constante. A diferencia de otros oficios, la cerrajería no depende de campañas ni temporadas concretas. Las urgencias ocurren todos los días y a cualquier hora, lo que genera un flujo continuo de trabajo. Roberto reconoce que el sector tiene mala fama precisamente por algunos abusos, pero insiste en que también hay muchos profesionales honestos que ofrecen precios razonables. Aun así, admite que el margen de beneficio puede ser muy alto cuando se trabaja en las urgencias.
Para él, el mayor valor no ha sido solo el dinero, sino el cambio de vida. Ha pasado de turnos interminables y estrés constante a un trabajo duro, pero más controlable. Así pues, la historia de Roberto pone sobre la mesa que la cerrajería mueve mucho más dinero del que parece y, en situaciones de urgencia, puede convertirse en uno de los negocios más rentables del día a día.