Muchos jubilados llegan al médico veinte, treinta o incluso cuarenta minutos antes de la cita. Desde fuera puede parecer impaciencia, exceso de tiempo libre o simple costumbre, pero los psicólogos explican que no siempre tiene que ver con tener prisa. En muchos casos, llegar antes es una forma de sentirse seguros.
La visita médica no es un trámite cualquiera para una persona mayor. Puede implicar pruebas, resultados, recetas, diagnósticos, cambios de medicación o conversaciones que generan nervios. Por eso, salir con margen les permite reducir la sensación de riesgo. Si llegan pronto, sienten que al menos una parte de la situación está bajo control.
Una forma de evitar problemas
Para muchos jubilados, llegar tarde no es solo una incomodidad, sino una falta de respeto. Vienen de una generación en la que la puntualidad tenía un peso enorme y hacer esperar a alguien se vivía casi como una mala educación. Por eso prefieren esperar ellos antes que provocar un problema.

También pesa el miedo a los imprevistos. El autobús puede retrasarse, el ascensor puede tardar, la calle puede estar en obras o la sala de espera puede estar en otra planta. Lo que para una persona joven se resuelve corriendo, para un jubilado puede convertirse en una fuente de estrés. Llegar antes es una manera práctica de no depender del último minuto.
No es por tener prisa, es ansiedad anticipada
La espera también cumple una función emocional importante. Sentarse un rato antes de entrar permite ordenar papeles, revisar la tarjeta sanitaria, preparar preguntas y respirar. Muchos mayores necesitan ese tiempo para situarse mentalmente antes de hablar con el médico, sobre todo si la consulta les preocupa. Además, algunos sienten que si llegan tarde perderán su turno o molestarán al personal sanitario. Aunque no siempre sea así, esa posibilidad pesa mucho en ellos. Llegar antes les da tranquilidad porque elimina una culpa imaginada como lo es la de fallar, retrasar a otros o parecer descuidados.
Por eso no conviene interpretar esa costumbre como una manía sin sentido. Llegar antes al médico puede ser una forma de cuidado personal, de respeto y de control ante una situación que impone. No van con prisa; van buscando calma antes de una cita que, para ellos, puede tener más carga emocional de la que parece en su día a día y en su rutina médica.