Cargando...

Muchos jubilados siguen consultando cada mañana el teletexto o comprando el periódico en papel aunque dispongan de móvil, internet y aplicaciones de noticias a su disposición. La psicología explica que no siempre se trata de rechazo a la tecnología. Estos formatos forman parte de rutinas aprendidas durante décadas y ofrecen una sensación de orden, control y familiaridad difícil de sustituir.

El teletexto presenta la información de manera directa, sin vídeos, anuncios invasivos ni notificaciones. El periódico también permite avanzar a un ritmo propio, volver atrás y detenerse en una página sin interrupciones. Para quienes se sienten saturados por la velocidad digital, ambos medios reducen la carga mental y hacen que informarse resulte más predecible.

La rutina también protege la sensación de estabilidad

Consultar siempre la misma página del teletexto o leer el diario a la misma hora puede actuar como un pequeño ritual cotidiano. Las rutinas ayudan a estructurar el día, especialmente después de la jubilación, cuando desaparecen los horarios laborales. Repetir una acción conocida ofrece continuidad y refuerza la percepción de que el tiempo sigue teniendo una organización clara.

Un jubilado en un parque. Foto Anthony Fomin Unsplash

También influye la memoria emocional. El sonido del televisor, el tacto del papel o el gesto de doblar el periódico pueden conectar con años de vida familiar, trabajo y conversaciones compartidas. El valor no está únicamente en la información recibida, sino en todo lo que acompaña al hábito. Por eso cambiarlo por una pantalla puede sentirse como perder una parte de la propia historia.

No es falta de capacidad para adaptarse

Preferir estos formatos tampoco significa necesariamente que exista dificultad para utilizar nuevas tecnologías. Muchas personas mayores usan aplicaciones, mensajería y banca digital, pero siguen eligiendo el papel o el teletexto para ciertas tareas. La diferencia está en que estos canales resultan simples, conocidos y no exigen aprender cambios constantes de diseño, menús o contraseñas.

La realidad es que mantener estos hábitos puede responder a comodidad, nostalgia, necesidad de estructura y deseo de evitar la sobrecarga informativa. Solo sería problemático si impidiera acceder a información importante o generara aislamiento. Mientras conviva con otras fuentes y siga siendo una elección libre, consultar el teletexto o leer el periódico no es quedarse atrás: es conservar una forma de informarse que todavía aporta calma, autonomía y sentido cotidiano en una vida diaria que ha cambiado con rapidez a su alrededor.