Entrar en la cocina para coger algo y, de repente, no recordar qué íbamos a hacer. Es una situación bastante habitual que puede dejarnos unos segundos desconcertados delante de la nevera o los armarios. Aunque puede parecer un simple despiste, la psicología cognitiva ha estudiado este fenómeno, conocido como efecto umbral, que explica cómo los cambios de entorno pueden influir en nuestra memoria.
¿Cómo influye el cambio de habitación en la memoria?
Este fenómeno, también llamado doorway effect en inglés, se produce cuando atravesar una puerta o pasar de un espacio a otro dificulta recuperar una información que teníamos presente hasta hace un momento. La clave no es la puerta en sí misma, sino el cambio de escenario que el cerebro interpreta como el inicio de una nueva situación. La memoria no funciona como un archivo donde las experiencias se almacenan de manera aislada. Recordar una información depende, en parte, del contexto en que la hemos aprendido o la hemos asociado a una tarea determinada.

En este proceso intervienen diferentes mecanismos, como la memoria semántica, relacionada con los conceptos y los conocimientos, y la memoria episódica, que nos permite recordar experiencias personales vinculadas a un lugar y un momento concretos. Cuando cambiamos de entorno, el cerebro actualiza la representación de la situación y puede hacer que algunos recuerdos recientes sean menos accesibles. Esto explica por qué, a veces, la intención que teníamos en la cabeza parece desaparecer justo cuando atravesamos una puerta.
Los experimentos que estudiaron el efecto umbral
La relación entre el contexto y la memoria ya se había investigado en estudios anteriores. A finales de los años setenta, el psicólogo Alan Baddeley y otros investigadores estudiaron cómo el entorno influía en el recuerdo de las palabras. En un experimento conocido, participantes que practicaban buceo memorizaron listas de palabras bajo el agua o en tierra firme. Los resultados mostraron que recordarlas en el mismo entorno en que las habían aprendido facilitaba la recuperación de la información.
Más adelante, una investigación publicada en 2006 estudió el efecto de los cambios de escena en entornos virtuales. Los participantes tenían que recordar objetos mientras se desplazaban de una habitación a otra. Los investigadores observaron que atravesar un umbral podía dificultar su recuerdo.
¿Cuándo nos tenemos que preocupar por los olvidos?
El efecto umbral es un fenómeno habitual y, por sí solo, no es un indicador de demencia ni de deterioro cognitivo. Estos lapsus pueden afectar a personas de diferentes edades y a menudo están relacionados con la forma en que el cerebro organiza la información. La distracción y la multitarea también pueden favorecer estos olvidos, porque dificultan mantener una intención activa mientras hacemos otras cosas.

Para reducirlos, puede ser útil concentrarse en una tarea cada vez o verbalizar qué vamos a buscar antes de cambiar de habitación. Si los problemas de memoria son frecuentes, empeoran o interfieren en la vida cotidiana, es recomendable consultar a un profesional sanitario. Por lo tanto, olvidar qué íbamos a hacer al entrar en una habitación es una experiencia habitual que muestra hasta qué punto la memoria depende del contexto y de la atención.