Abrir un negocio en China puede sonar como una gran oportunidad: es la segunda economía mundial, con gigantes corporativos y un mercado interno enorme. Sin embargo, como subraya Paco, empresario que vive y trabaja allí, “si no entiendes los silencios, firmarás cosas que no debes”. Esta frase resume una realidad clave para cualquier emprendedor extranjero: la cultura negociadora y el contexto empresarial chino exigen lectura más allá de las palabras, y una falta de comprensión puede llevar a acuerdos poco convenientes o malentendidos contractuales.
Pero, más allá de los silencios culturales, establecer un negocio en China supone cumplir con requisitos específicos, superar desafíos burocráticos y adecuarse a un entorno legal y administrativo distinto al de España.
Cómo es abrir un negocio en China: requisitos, pasos y retos
China ofrece varias estructuras legales para empresas extranjeras, siendo las más habituales la WFOE (Wholly Foreign-Owned Enterprise), la Joint Venture (empresa conjunta) o la Oficina de Representación (RO). La elección depende de si se quiere un control total, se necesita un socio local o simplemente establecer presencia sin actividad comercial directa.
Para constitución de una WFOE, considerada la forma más completa de operar por cuenta propia, hay que seguir varios pasos burocráticos:
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Reservar y registrar el nombre de la empresa ante las autoridades competentes, como la Administración de Industria y Comercio (AIC).
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Solicitar aprobación para constituir la empresa ante el Ministerio de Comercio (MOFCOM), presentando estatutos sociales, plan de negocio y otros documentos clave.
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Obtener la licencia comercial y el código de organización necesarios para operar legalmente.
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Registrar la empresa en las autoridades fiscales y abrir cuentas bancarias corporativas locales.
A lo largo de este proceso también es obligatorio cumplir con trámites migratorios, permisos de oficina, contratos de alquiler y, en muchos casos, traducciones oficiales y certificaciones apostilladas de los documentos corporativos.
Estos pasos llevan tiempo —en promedio varios meses— y requieren atención al detalle. Muchos empresarios extranjeros recomiendan trabajar con consultores o agentes locales para gestionar la documentación y evitar errores costosos.
Facilidades y diferencias respecto a España
Comparado con España, el proceso en China es más complejo y, en muchos casos, requiere navegar múltiples organismos de gobierno central y local. En España, abrir una sociedad de responsabilidad limitada o darse de alta como autónomo puede llevar semanas y se puede hacer con procedimientos muy digitalizados. En China, además de la burocracia tradicional, la norma del Negative List indica en qué sectores sí o no se puede invertir como extranjero, y fuera de la lista positiva hay restricciones, especialmente en industrias consideradas sensibles.
A pesar de estos retos, China también ofrece zonas francas y áreas de comercio libre con incentivos fiscales y menos barreras de entrada, así como reformas recientes que buscan atraer inversión extranjera y generar seguridad jurídica para los emprendedores.
El papel de la cultura y el “silencio negociador”
El apunte de **Paco —“si no entiendes los silencios…”— habla de algo muy real: en China, la comunicación puede ser indirecta, contextual y altamente relacional. No siempre prevalece un “sí” o “no” claro. Muchos acuerdos se construyen a partir de conversaciones prolongadas, confianza ganada con el tiempo y señales no verbales. Firmar un contrato sin haber leído entre líneas o sin comprender la intención detrás de ciertas expresiones puede llevar a cláusulas desfavorables o expectativas no alineadas con la práctica local.
Por eso, además de cumplir requisitos legales, es indispensable comprender la cultura empresarial china, construir relaciones de confianza y, cuando sea necesario, buscar asesoría legal y local para interpretar acuerdos antes de firmarlos.
En resumen, abrir una empresa en China no es imposible, pero sí requiere paciencia, preparación y sensibilidad cultural, algo que Paco destaca como esencial para evitar problemas cuando los silencios hablan más fuerte que las palabras escritas.
