La arquitecta Nuria Moliner ha lanzado una advertencia clara para quienes estén pensando en alquilar o comprar vivienda: “Nunca vivas en un bajo, el gas radón cancerígeno está en las rocas”. Su mensaje no es alarmista, pero sí preventivo, especialmente en el caso de edificios antiguos donde este riesgo no se tenía en cuenta en la construcción y puede acabar suponiendo un problema para la salud a largo plazo.

El radón es un gas radiactivo natural que procede del subsuelo. Se filtra desde las rocas y la tierra y puede acumularse en espacios cerrados, sobre todo en plantas bajas y sótanos con poca ventilación. Es invisible, inodoro y no produce síntomas inmediatos, pero la exposición prolongada está asociada a un mayor riesgo de cáncer de pulmón, por lo que lo más recomendable es no exponerse a él de forma prolongada.

El problema en edificios antiguos

Moliner insiste en que el mayor riesgo se encuentra en construcciones antiguas. Durante décadas no existía normativa específica que obligara a incorporar barreras de protección frente al radón. Como consecuencia, muchas viviendas bajas carecen de aislamiento adecuado frente a este gas. Lo que las hace vulnerables a un problema. En determinadas zonas de España, especialmente donde el subsuelo es granítico, la concentración puede ser más elevada. En un piso bajo antiguo, el radón puede acumularse con mayor facilidad si no hay sistemas de ventilación eficaces o soluciones constructivas que impidan su entrada.

Por eso, antes de alquilar un bajo en un edificio viejo, se recomienda informarse sobre la zona geográfica y, si es posible, realizar una medición específica con detectores homologados. O por lo contrario, buscar una alternativa a una altura alejada del suelo, asegurando así que no se filtre ese gas.

En obra nueva el riesgo está controlado

La situación es diferente en viviendas de obra nueva. La normativa actual obliga a incorporar soluciones técnicas como barreras antirradón, láminas impermeables y sistemas de ventilación que reducen la acumulación del gas. Esto significa que, en construcciones recientes, el riesgo está mucho más controlado. No desaparece completamente,vporque el radón es un fenómeno natural, pero sí se mantiene dentro de límites seguros establecidos por la regulación.

El mensaje de Nuria Moliner no es un veto a los bajos, sino una llamada a la prudencia. En edificios antiguos, conviene informarse y medir. En obra nueva, las garantías técnicas son mayores. La clave, como siempre en vivienda, está en conocer bien lo que se está firmando antes de tomar una decisión.