Dormir con el aire acondicionado demasiado frío puede aliviar el calor, pero también generar molestias respiratorias al despertar. La neumóloga Neha Solanki, de Cleveland Clinic, explica que el aire frío y seco puede irritar las vías respiratorias y provocar tos, opresión en el pecho, dolor de garganta o sequedad. El problema no es el aparato, sino el ambiente que crea cuando baja demasiado la temperatura y la humedad.
Durante la noche, el efecto puede notarse más porque pasamos varias horas seguidas respirando ese aire. El acondicionador reduce la humedad ambiental y, si el dormitorio queda demasiado seco, también disminuye la hidratación de las mucosas. La nariz, la garganta y los bronquios pueden reaccionar con irritación, especialmente en personas con asma, rinitis, alergias o enfermedades respiratorias previas.
Dormir fresco no significa enfriar demasiado
El objetivo no debería ser dormir con una habitación helada, sino mantener una temperatura confortable y estable. Especialistas consultados por SEPAR suelen situar el entorno adecuado alrededor de los 24 o 26 grados, evitando cambios bruscos. También conviene impedir que el chorro de aire apunte directamente hacia la cara, el cuello o el pecho mientras dormimos.

La humedad también importa. Un ambiente excesivamente seco puede favorecer nariz taponada, garganta áspera, tos y boca seca al despertar. Cleveland Clinic recomienda mantener una humedad interior aproximada de entre el 30% y el 50%. Beber suficiente agua durante el día y ventilar correctamente la habitación ayuda además a mantener mejor hidratadas las mucosas respiratorias.
Los filtros también pueden empeorar las molestias
Otro punto fundamental es el mantenimiento del aparato. Los filtros acumulan polvo, polen y otras partículas y, si no se limpian con la frecuencia recomendada por el fabricante, pueden empeorar la calidad del aire interior. El aire acondicionado no provoca por sí mismo un resfriado, pero una mala ventilación, filtros sucios y una humedad demasiado baja pueden favorecer síntomas respiratorios y hacer más incómoda la noche.
Por eso, dormir fresco no significa dormir con frío. Si cada mañana aparecen garganta seca, congestión, tos o irritación, puede ser una señal de que la temperatura está demasiado baja o el aire demasiado seco. Subir algunos grados, evitar el flujo directo, revisar los filtros y controlar la humedad suele ser más útil que apagar el equipo. El aire acondicionado puede mejorar el descanso durante una ola de calor, pero utilizarlo durante ocho horas exige equilibrio: suficiente frescor para dormir bien, sin convertir el dormitorio en un ambiente frío y seco que termine irritando nuestras vías respiratorias.