Miguel Ángel, de 78 años y jubilado, explica cómo se ve obligado a compartir vivienda desde hace seis años: “Llevo seis años compartiendo piso porque cobro 650 euros al mes”. Con esa pensión, el alquiler de un piso individual en su zona es inalcanzable, y la única manera de vivir sin quedar en la calle ha sido unir recursos con otra persona en su misma situación.

Desde hace seis años, Miguel Ángel comparte piso con otro jubilado, sumando las pensiones para poder cubrir gastos básicos como alquiler, luz, agua y alimentación. La convivencia no siempre es fácil, pero asegura que esta fórmula le ha permitido mantener cierta estabilidad y un techo sobre su cabeza.

La rutina de compartir piso

El día a día de Miguel Ángel gira en torno a la economía de compartir. Ambos mayores coordinan horarios para la cocina, los baños y las tareas domésticas. La vivienda se ha convertido en un refugio y un espacio donde la compañía mutua ayuda a mitigar la soledad de la jubilación y compartiendo gastos todo es más fácil.

A pesar de las dificultades, compartir piso no es solo una cuestión económica, sino también social. La convivencia le da cierto apoyo emocional, aunque lo más probables es que preferiría vivir solo si su pensión se lo permitiera. Algo que con 650 es claramente imposible.

Un caso que no es excepcional en España

Miguel Ángel asegura que la situación de tener que compartir piso entre jubilados con pensiones bajas es más común de lo que parece. Conoce a otros vecinos y amigos que han recurrido a la misma estrategia para poder vivir dignamente. La combinación de alquileres altos y pensiones limitadas obliga a muchos a adaptarse de formas similares. Durante el invierno, el espacio reducido y los gastos compartidos se sienten especialmente, pero Miguel Ángel puede estar agradecido de tener un lugar seguro donde pasar la noche.

Así pues, la historia de Miguel Ángel refleja la realidad cotidiana de muchos jubilados con ingresos limitados: adaptarse, compartir y sobrevivir en un contexto donde una pensión de 650 euros no da para cubrir un alquiler por sí sola. Su relato muestra la mezcla de resiliencia, adaptación y necesidad que define la vida de quienes viven con pensiones bajas.