El gasto en calefacción es uno de los principales quebraderos de cabeza de las familias durante el invierno, pero según Miguel Aguado, experto en ahorro energético, existe un cambio sencillo que puede marcar la diferencia. La clave está en los radiadores, ya que colocando un aislante térmico detrás de ellos se evita que el frío de la pared absorba parte del calor que emiten, aumentando la eficiencia sin necesidad de subir la temperatura ni gastar más energía.
Aguado explica que este pequeño gesto, aparentemente insignificante, puede repercutir directamente en la factura: “Con este simple cambio puedes ahorrar hasta 40 euros al mes”, asegura. Este ahorro, sumado a otras medidas básicas como mantener las ventanas cerradas o optimizar horarios de encendido, podría significar varios cientos de euros al año.
Cómo aplicar este truco sin afectar el rendimiento del radiador
El experto aclara que el aislante no debe tapar el radiador, sino colocarse detrás, pegado a la pared. No se trata de cubrirlo ni de poner ningún objeto delante que obstaculice el flujo de aire. La idea es reflejar el calor hacia la habitación en lugar de permitir que se pierda contra la pared. Materiales como placas de poliestireno o aluminio son recomendables por su eficiencia y facilidad de instalación.

Además, Miguel Aguado subraya que el coste de esta modificación es mínimo. Con unos pocos euros por placa y un rato de instalación se puede conseguir un ahorro que compensa rápidamente la inversión inicial. La eficiencia energética no siempre requiere grandes reformas; a veces los pequeños detalles marcan la diferencia.
Un ahorro real para cualquier hogar
Según el especialista, cualquier vivienda con radiadores puede beneficiarse de este truco, independientemente de su antigüedad o sistema de calefacción. En pisos con paredes exteriores más frías, el efecto es todavía más notable. Aguado recalca que es una medida especialmente útil en ciudades con inviernos largos y fríos, donde la calefacción representa un porcentaje alto del gasto mensual.
Con esta recomendación, los hogares no solo reducen su gasto económico, sino que también contribuyen a un consumo más eficiente de energía, disminuyendo el impacto ambiental. Un gesto simple, barato y efectivo que, según Aguado, “hace que tu calefacción trabaje mejor y tu bolsillo lo note cada mes”.