Cargando...

Dos barrios separados por apenas unos kilómetros pueden registrar temperaturas muy distintas durante la misma tarde. Los meteorólogos explican que no se trata necesariamente de un error en las aplicaciones, sino del efecto combinado de la altitud, el tipo de suelo, la orientación de las calles, la vegetación y la cantidad de edificios que rodean cada zona.

La diferencia se nota especialmente en verano y durante la noche. Un barrio muy urbanizado acumula calor durante el día y lo libera lentamente cuando baja el sol. En cambio, una zona con parques, terrenos abiertos o menor densidad de construcción se enfría antes. Por eso, dos termómetros cercanos pueden marcar varios grados de diferencia sin que exista una gran distancia entre ellos.

El asfalto y los edificios crean pequeñas islas de calor

El hormigón, las fachadas oscuras y el asfalto absorben radiación solar durante horas. Cuando cae la noche, esas superficies continúan desprendiendo calor y mantienen el aire más cálido. Las calles estrechas también dificultan la ventilación, mientras los aparatos de aire acondicionado, el tráfico y otras actividades urbanas añaden calor al entorno inmediato.

Onada calor 202606

La vegetación produce el efecto contrario. Los árboles dan sombra y liberan humedad mediante la transpiración, lo que ayuda a refrescar el aire. Un barrio con zonas verdes, patios abiertos y suelos permeables puede registrar menos temperatura que otro cercano cubierto casi por completo de cemento. Incluso una avenida arbolada puede crear un microclima distinto al de una calle paralela.

La altitud, el viento y la orientación también cuentan

Una pequeña diferencia de altura puede modificar la temperatura, especialmente en zonas con pendientes. El aire frío tiende a descender y acumularse en puntos bajos durante noches despejadas, mientras las áreas elevadas pueden quedar más expuestas al viento. Cerca del mar, además, la brisa refresca antes los barrios abiertos y tarda más en llegar a los protegidos por edificios.

La realidad es que una ciudad no tiene una única temperatura exacta. Las estaciones meteorológicas miden condiciones concretas en un punto determinado, pero cada barrio desarrolla su propio microclima. Para interpretar correctamente una lectura conviene fijarse en dónde está situado el sensor, si recibe sol directo y qué tipo de entorno lo rodea. La proximidad geográfica no garantiza condiciones iguales cuando el diseño urbano, la vegetación y la ventilación cambian de una calle a otra.