La realidad de los retrasos aéreos no siempre se vive igual a ambos lados de la puerta del avión. Mientras los pasajeros expresan su enfado por las largas e insosportables horas de espera, dentro de la aeronave o en tierra hay tripulantes que siguen trabajando sin recibir compensación económica alguna. Así lo ha denunciado Mercedes Pérez, azafata de Ryanair, que se ha hecho viral en TikTok explicando una situación que, según afirma, es habitual en su día a día profesional.
A través de su cuenta @mercedespeerez, la auxiliar de vuelo ha puesto voz a una queja que rara vez se escucha. Y es que, según relata, cuando un vuelo se retrasa y la tripulación debe permanecer más tiempo en tierra y seguir atendiendo a los pasajeros, esas horas adicionales no se pagan. “En los retrasos trabajamos las horas extra sin cobrar nada, gratis”, afirma de forma tajante, apelando directamente a la empatía de los viajeros.
Horas de espera que no cuentan como trabajo
Mercedes explica que, aunque el avión esté parado y el vuelo no haya despegado, la tripulación continúa desempeñando sus funciones. Desde atender dudas y gestionar incidencias hasta soportar la tensión generada por el enfado de los pasajeros, el trabajo no se detiene. Sin embargo, ese tiempo extra no se refleja en la nómina. “Si hay que esperar dos o tres horas más por un retraso, no cobramos ni un euro adicional”, denuncia.
La azafata insiste en que la mayoría de retrasos no dependen de la tripulación. Problemas técnicos, meteorología adversa o decisiones operativas de la aerolínea escapan a su control. Aun así, son ellos quienes dan la cara ante los clientes. Gestionan la ira de los pasajeros, los gritos y la frustración, sin que eso se reconozca económicamente.
Una llamada a la empatía de los pasajeros
El mensaje de Mercedes no busca justificar los retrasos, sino humanizar la situación. “Os pido que tengáis más empatía”, señala, recordando que los tripulantes también quieren llegar a su destino y terminar su jornada. Sus palabras han generado miles de reacciones y comentarios de apoyo, tanto de otros trabajadores del sector como de pasajeros que desconocían esta realidad.
Este testimonio ha reabierto el debate sobre las condiciones laborales de las tripulaciones de cabina, especialmente en aerolíneas de bajo coste. Jornadas largas, horarios imprevisibles y una retribución que, según denuncian algunos empleados, no siempre contempla todas las horas efectivamente trabajadas. Así pues, el caso de Mercedes Pérez pone sobre la mesa una cuestión incómoda: los retrasos no solo tienen un coste para los pasajeros, también para quienes trabajan “gratis” mientras esperan que el avión vuelva a despegar.
