Lo que para muchos pasajeros puede parecer un gesto sin importancia se ha convertido en una situación cada vez más habitual y preocupante para las tripulantes de cabina. Mercedes, azafata varios años de experiencia, denuncia que grabarlas con el móvil durante los vuelos se ha normalizado, especialmente por parte de hombres adultos que lo hacen sin consentimiento y con una clara intención morbosa. Una práctica que genera incomodidad, inseguridad y una sensación constante de vulnerabilidad en su puesto de trabajo.
Según explica, estas grabaciones se producen en momentos muy concretos del vuelo, cuando las azafatas caminan por el pasillo, atienden a los pasajeros o realizan las demostraciones de seguridad. “Es evidente que están grabándonos a nosotras”, afirma. En muchos casos, los móviles se colocan a baja altura o se mantienen apuntando de forma insistente, lo que deja poco margen a la duda sobre la intención real de quien graba.
Grabaciones con móvil y una sensación constante de inseguridad
Mercedes insiste en que no se trata de casos aislados, sino de una conducta que se repite cada vez con más frecuencia. “Antes pasaba de forma puntual, ahora es algo que vemos en casi todos los vuelos”, explica. El problema, añade, es que muchas veces estas grabaciones se producen en espacios reducidos donde las tripulantes no pueden apartarse ni evitar la situación sin dejar de cumplir con su trabajo.

La incomodidad va más allá del momento concreto. Las azafatas no saben dónde acabarán esos vídeos ni con qué finalidad se difundirán. Redes sociales, grupos privados o páginas de contenido sexual son algunos de los destinos que temen. Están trabajando, uniformadas, representando a una compañía aérea, y aun así se las trata como si fueran un objeto.
Un problema que va más allá del vuelo y del morbo
Desde el colectivo de tripulantes de cabina advierten de que esta conducta tiene consecuencias psicológicas reales. Genera ansiedad, sensación de indefensión y miedo a represalias si se confronta al pasajero. Muchas azafatas optan por callar o mirar hacia otro lado para evitar conflictos en pleno vuelo, especialmente dado que no hay un protocolo específico que las proteja de forma efectiva.
La situación pide a las aerolíneas que refuercen los protocolos internos y que se informe de manera clara a los pasajeros de que grabar a la tripulación sin consentimiento no está permitido. También apela a la responsabilidad individual. No se pide nada extraordinario, solo respeto. Lo que hoy algunos consideran una simple grabación con el móvil, para muchas azafatas es una invasión directa de su intimidad y dignidad profesional. Y, como denuncia Mercedes, mientras se siga normalizando, la sensación de inseguridad seguirá volando a bordo.