Mariana Pérez Borrero es una conocida psicóloga infantil en redes sociales que se ha hecho popular por compartir métodos de crianza y desmentir prácticas muy comunes en los entornos educativos. “Obligar a pedir perdón a un niño no sirve de nada después de una conducta inapropiada”, es el titular de esta publicación. En el vídeo, la también influencer explica por qué esta respuesta automática, bienintencionada por parte de los adultos, no suele funcionar como herramienta educativa y puede incluso ser contraproducente para el desarrollo emocional de los niños.

Según expertos en el desarrollo infantil, si pedir perdón no sale del propio niño, sino que lo hace por obligación de los padres, pierde todo su significado. Al final el niño aprende que si hace algo mal diga “lo siento” por instinto, no porque le salga a él del corazón y sepa que ha errado. Al final no hay un remordimiento real. Cuando esto ocurre, se disculpa porque es un cumplimiento obligatorio de la norma, no porque ha demostrado empatía con la otra persona o reconoce sus errores.
El niño no adquiere empatía, lo hace por no ser castigado por sus padres
Además, obligar al niño a pedir perdón hace que sienta emociones negativas como puede ser la vergüenza o el resentimiento. El menor piensa que debe pedir perdón para evitar el castigo de sus padres, no hacer sentir mejor a la otra persona.
Según Mariana Pérez, el niño aprenderá empatía y comprensión con el tiempo, sin necesidad de obligarle a pedir perdón a alguien cuando comete un error, es bueno equivocarse y aprender él mismo de los errores, no a la fuerza. Los niños nunca aprenden a la fuerza. Normalmente esta actitud cambia entre los 3 y los 7 años, algunos niños tardan más que otros, es normal. Si el menor no ha adquirido todavía esa conciencia emocional, obligarle a pedir perdón hace que entrene obediencia, no empatía y sensibilidad.
La psicóloga infantil recomienda a los padres que acompañen al niño el proceso de reconocer que lo que ha hecho esta mal. Deben ayudar a identificar cómo se siente la otra persona y guiarle para que quiera pedirle perdón. Por ejemplo, se le puede hablar sobre que pasó, preguntar cómo se sintióel otro niño o animarle a arreglar las cosas. ¿Cómo crees que se sintió cuando esto pasó?” o “¿Qué podrías hacer para que tu amigo se sienta mejor?” De esta forma el menor puede valorar las consecuencias de sus acciones y decidir si ha hecho mal o bien. Está desarrollando una empatía real.