Cargando...

Marc Ribas tiene una visión muy particular sobre el gimnasio y sobre esa idea tan repetida de que para entrenar hace falta estar motivado. El cocinero y presentador lo resume con una frase tan provocadora como directa: “La motivación no sirve, no hay nada peor que un tonto motivado”. Para él, esperar a tener ganas de entrenar es precisamente una de las mejores maneras de abandonar cualquier rutina a las pocas semanas.

Su planteamiento va por otro camino. Ribas cree que lo realmente importante es construir disciplina, hábitos y una estructura que permita seguir entrenando incluso cuando el entusiasmo desaparece. La motivación puede ayudar durante unos días, pero es demasiado variable como para sostener un objetivo durante meses. Hay jornadas en las que apetece ir al gimnasio y otras en las que no, y ahí es donde entra en juego la constancia.

La motivación dura poco, el hábito es lo que permanece

Cuando alguien empieza a entrenar, normalmente lo hace con mucha energía. Compra ropa nueva, cambia la alimentación y se marca objetivos ambiciosos. El problema aparece cuando llega el cansancio, el trabajo se acumula o los resultados tardan más de lo esperado. Si toda la rutina depende de sentirse motivado, es fácil empezar a encontrar excusas.

Marc Ribas Cuines Instagram

Ribas defiende justo lo contrario: entrenar porque toca hacerlo. Igual que existen otras obligaciones diarias que no siempre apetecen, el ejercicio puede convertirse en una parte estable de la agenda. Esa mentalidad reduce la negociación constante con uno mismo y hace que la continuidad dependa menos del estado de ánimo.

Entrenar con cabeza vale más que entrenar con euforia

Su frase sobre el “tonto motivado” también apunta a otro problema. Tener muchas ganas no significa saber entrenar bien. Excederse con los pesos, copiar rutinas avanzadas o intentar recuperar en una semana todo lo que no se ha hecho durante meses puede terminar siendo contraproducente. Por eso, además de constancia, hace falta criterio. Progresar poco a poco, respetar el descanso y adaptar el entrenamiento al nivel personal suele ser más útil que empezar con una intensidad imposible de mantener.

La idea de Ribas desmonta así uno de los grandes mitos del gimnasio. No hace falta levantarse cada mañana deseando entrenar. Hace falta haber creado una rutina suficientemente sólida como para hacerlo también cuando no apetece. La motivación puede encender la chispa inicial, pero lo que permite continuar cuando desaparece es algo mucho menos espectacular: disciplina, paciencia y repetición.