Marc Giró todavía recuerda perfectamente uno de los primeros grandes caprichos que se permitió cuando empezó a trabajar. Fue hace unos 20 años, durante su etapa en la revista Marie Claire, y la compra terminó siendo tan desproporcionada para su economía que todavía hoy la cuenta con humor: se gastó prácticamente todo su sueldo en una bolsa de viaje de Louis Vuitton.
El propio Giró lo explicó en el pódcast A las Bravas, de la Cadena SER, presentado por Raúl Pérez. Allí reconoció que trabajar rodeado de moda acabó influyendo en sus deseos de consumo. “Cuando escribes sobre moda acabas creyéndote lo que escribes”, bromeó al recordar cómo terminó convencido de que necesitaba aquel equipaje.
“Me temblaba la mano en el momento de pagar”
La bolsa estaba completamente fuera de su presupuesto, pero aun así decidió comprarla. Giró recuerda que fue hasta la calle Serrano, en Madrid, y utilizó uno de sus primeros sueldos de Marie Claire para llevársela. “Me temblaba la mano en el momento de pagar”, explicó al recordar una compra que sabía perfectamente que no era razonable.
La consecuencia llegó inmediatamente después. “Me pasé dos meses sin comer para ahorrar”, contó entre risas. La frase resume bien hasta qué punto aquel capricho desequilibró sus finanzas. Él mismo recuerda haberse quedado prácticamente sin margen para hacer nada más durante un tiempo.
Todavía conserva la bolsa dos décadas después
La historia, sin embargo, tiene una segunda parte curiosa. Giró todavía conserva aquella Louis Vuitton y la sigue utilizando. A pesar de que en su momento fue una decisión claramente excesiva, el objeto ha terminado acompañándolo durante más de 20 años. Eso sí, ni siquiera entonces quedó completamente satisfecho. Con el tiempo se arrepintió de no haber comprado una versión más grande, que habría podido utilizar todavía más. “Me compré el más pequeño porque encima rata, ¿sabes?”, bromeó. “Pobre y rata, es que es tremendo”.
La anécdota resume bien el tono con el que Giró habla de sí mismo: mucha ironía y poca intención de esconder sus contradicciones. Sabía que no podía permitirse aquel capricho, lo compró igualmente y después tuvo que asumir las consecuencias. Dos décadas más tarde, aquella bolsa sigue existiendo y sigue en uso. Puede que el primer sueldo desapareciera entero en una tarde, pero al menos la compra terminó teniendo una vida mucho más larga de lo que él mismo imaginaba.
