Marc Cucurella, sobre sus problemas con la comida de pequeño: "Mi madre me ponía fuet a escondidas"

Marc Cucurella ha recordado una de las dificultades que marcó sus primeros viajes como futbolista como lo fueron los problemas para comer lejos de casa. Cuando era niño y acudía a torneos con su equipo, rechazaba muchos alimentos y podía pasar horas sin encontrar nada que le apeteciera. Su madre, preocupada, ideó una solución sencilla y muy familiar: esconderle fuet dentro de la maleta durante cada desplazamiento importante.

“Mi madre siempre me ponía comida a escondidas”, ha explicado. Cuando llegaba a la habitación con sus compañeros, abría el equipaje y aparecía aquel embutido que conocía, le gustaba y le devolvía cierta tranquilidad. El momento terminaba convirtiéndose en una pequeña celebración compartida, porque sus amigos también esperaban descubrir qué había preparado la familia para el viaje de aquel fin de semana.

El fuet era mucho más que comida

Para un niño que empezaba a competir lejos de su entorno, llevar un alimento conocido podía reducir la inseguridad. Cucurella no habla únicamente de apetito, sino de una etapa en la que viajar significaba dormir fuera, adaptarse a horarios nuevos y convivir con compañeros sin la protección cotidiana de casa. El fuet funcionaba como una referencia reconocible dentro de ese escenario desconocido y exigente.

EuropaPress 7562055 marc cucurella of spain during the training session of the spain national
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Su madre entendió que obligarlo a comer cualquier cosa podía aumentar el rechazo. En lugar de convertir cada torneo en una discusión, procuraba que tuviera una alternativa segura. El gesto no resolvía todos sus problemas alimentarios, pero garantizaba que comiera algo y, al mismo tiempo, le recordaba que su familia seguía pendiente de él incluso cuando estaba lejos y debía espabilarse solo.

Una anécdota que explica el apoyo familiar

Con el tiempo, Cucurella amplió su alimentación y aprendió a desenvolverse en concentraciones profesionales, donde los menús están controlados por nutricionistas. Sin embargo, continúa recordando aquellos viajes porque representan los sacrificios silenciosos que acompañan a muchos niños futbolistas. Detrás de cada torneo había padres organizando horarios, preparando bolsas y buscando soluciones para problemas que desde fuera parecían pequeños, pero entonces pesaban mucho.

La historia también muestra que la carrera de un campeón del mundo no empezó entre lujos ni dietas perfectas. Comenzó con un niño al que casi no le gustaba comer y una madre que escondía fuet en la maleta para que no pasara hambre. Cucurella recuerda la escena con humor, pero detrás existe cuidado, comprensión y una forma muy concreta de acompañarlo. Aquella comida compartida en una habitación era también un pedazo de casa y una manera de sentirse protegido cuando todo parecía demasiado nuevo.