Kevin trabaja como portero de discoteca desde hace más de cinco años. Cobra 10 euros la hora, hace turnos nocturnos interminables y asume una responsabilidad que va mucho más allá de lo que refleja su salario. “Me estoy jugando la vida cada día a cambio de 10 euros la hora”. Su testimonio pone voz a una realidad poco visible pero ampliamente compartida en el sector del ocio nocturno. Se trata de un empleo de alto riesgo, escasa protección y una precariedad estructural normalizada.
Y es que los porteros de discoteca se sitúan en la primera línea ante conflictos, agresiones, consumo de alcohol y drogas, peleas multitudinarias y situaciones de extrema tensión. Sin embargo, la mayoría desempeña su labor sin sentirse respaldada ni por las empresas ni por el marco legal vigente, que, según denuncian, no se ajusta al nivel de exigencia física y mental del puesto.
Un trabajo de alto riesgo y baja remuneración
Se enfrentan a peleas, amenazas con armas blancas, botellas rotas y grupos violentos prácticamente cada fin de semana. A ello se suma la obligación de intervenir para proteger a clientes y personal del local, asumir decisiones en segundos y mantener el control en ambientes donde el riesgo es inminente. Todo ello por salarios que rara vez superan el mínimo. Los porteros denuncian que, pese a la peligrosidad del trabajo, no existe un reconocimiento real como profesión de riesgo, ni complementos salariales acordes ni protocolos claros de protección.

Muchos aseguran que la formación es insuficiente y que, en demasiadas ocasiones, se les exige actuar como mediadores, vigilantes y agentes de seguridad sin los medios adecuados. Además, la carga física es evidente, pero el desgaste psicológico también es profundo. Turnos nocturnos, estrés continuo, miedo a represalias fuera del horario laboral y una sensación permanente de desprotección marcan el día a día.
Falta de protección y precariedad legal
Uno de los principales problemas es la precariedad legal. Aunque la ley establece requisitos para ejercer como personal de control de accesos, la realidad es que los salarios son bajos y las condiciones laborales, inestables. Muchos porteros aseguran no sentirse protegidos ni ante agresiones ni ante posibles responsabilidades legales derivadas de su actuación. En algunos casos, denuncian, son ellos quienes acaban señalados tras incidentes violentos.
El colectivo reclama mejores salarios, mayor protección legal, formación continua y el reconocimiento del riesgo real que asumen cada noche. Mientras tanto, testimonios como el de Kevin evidencian una realidad incómoda, porque garantizar la seguridad del ocio nocturno sigue recayendo sobre trabajadores que, pese a todo, se sienten abandonados y mal pagados.