Juan Antonio trabajó durante cuatro décadas pensando que, cuando llegara la jubilación, podría vivir con cierta tranquilidad. No esperaba lujos, pero sí estabilidad. Sin embargo, ahora cobra alrededor de 1.100 euros al mes y asegura que cada vez le resulta más complicado llegar a final de mes.
Su caso fue recogido por El Español en enero de 2026. Allí explicaba que la subida de las pensiones no le parece suficiente para compensar el incremento del coste de la vida. “Te suben la pensión 30 o 40 euros, pero el supermercado te sube 100”, resumía al hablar de cómo ha cambiado su economía doméstica.
La pensión sube, pero también lo hacen los gastos
Juan Antonio señala especialmente el precio de los alimentos, la vivienda y los suministros. Según cuenta, antes podía terminar algunos meses guardando una pequeña cantidad, pero ahora ahorrar se ha vuelto prácticamente imposible. También asegura que una parte importante de su pensión se va directamente en pagar la vivienda. Después llegan la compra semanal, la luz, el gas y los medicamentos, dejando muy poco margen para afrontar cualquier gasto extraordinario.

“Vas al supermercado y con 50 euros no llenas ni media bolsa”, explica en la misma entrevista. Esa sensación de pérdida de poder adquisitivo es precisamente lo que más le preocupa, porque convierte cualquier subida nominal de la pensión en una mejora mucho menos visible en el día a día.
Los imprevistos son el verdadero problema
Más allá de los gastos habituales, Juan Antonio reconoce que lo que más teme son los imprevistos. Si se estropea un electrodoméstico o necesita afrontar un tratamiento dental, tiene que recurrir a los pocos ahorros que conserva. También ha reducido gastos que antes consideraba normales. Viajar, salir a comer o incluso ayudar económicamente a sus hijos se han convertido en excepciones y no en algo habitual.
Después de 40 años cotizando, Juan Antonio no pide una vida de lujo. Su reclamación es mucho más sencilla: poder afrontar los gastos básicos sin tener que calcular cada euro. Su frase resume bien esa sensación. La pensión puede aumentar cada año, pero si los precios avanzan todavía más rápido, la mejora termina desapareciendo antes incluso de llegar a la caja del supermercado.