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José Elías ha vuelto a encender el debate sobre el futuro del trabajo con una frase contundente, ya que dice que solo lo físico va a sobrevivir a la inteligencia artificial. El empresario no habla de una desaparición inmediata de todos los empleos de oficina, pero sí de un cambio de valor. Todo lo que pueda hacerse desde una pantalla queda en terreno de la IA.

La idea es sencilla y dura. Si un trabajo consiste en redactar, calcular, diseñar, analizar documentos, responder correos o producir contenido digital, una parte cada vez mayor puede automatizarse. En cambio, reparar una avería, instalar un cuadro eléctrico, cambiar una tubería o montar una máquina exige presencia, manos y responsabilidad directa.

Los oficios vuelven al centro

Por eso Elías pone el foco en electricistas, fontaneros, carpinteros, mecánicos, instaladores o técnicos de mantenimiento. Son profesiones que durante años se han visto como una segunda opción frente a la universidad, pero que ahora pueden convertirse en las más protegidas. La IA puede explicar cómo arreglar algo, pero no puede entrar en una casa y hacerlo.

Electricista. Pixabay

Esa diferencia cambia el mercado. Muchas empresas podrán reducir equipos administrativos, comerciales o técnicos apoyándose en herramientas de inteligencia artificial. Pero seguirán necesitando profesionales capaces de resolver problemas físicos. Y cuando hay poca oferta y mucha demanda, los salarios suben. No es una moda pasajera, sino una consecuencia directa de la falta de profesionales disponibles en sectores esenciales y cotidianos.

No es solo trabajar con las manos

El mensaje tampoco significa que cualquier trabajo físico vaya a estar bien pagado. La clave estará en la formación, la especialización y la capacidad de combinar oficio con tecnología. Un electricista que entienda domótica, placas solares, cargadores de coche eléctrico o eficiencia energética tendrá mucho más valor que alguien sin actualización.

Ahí está el fondo de la reflexión. El empleo no se divide entre estudiar o no estudiar, sino entre aportar algo que una máquina no pueda ejecutar por sí sola. Los trabajos puramente digitales quedan más expuestos; los trabajos físicos, técnicos y bien formados ganan protección. Para José Elías, el problema es cultural. Muchos jóvenes siguen evitando los oficios porque los asocian a menor prestigio, cuando podrían ser una de las salidas más inteligentes. En plena expansión de la IA, saber hacer cosas reales puede valer más que saber explicarlas.