José Blas, profesor de autoescuela, lo deja claro: “Los jóvenes no quieren ser camioneros ni cobrando más de 3.000 euros”. A pesar de que se trata de un salario atractivo para cualquier trabajador, las nuevas generaciones valoran otros aspectos por encima del dinero. Para muchos, pasar la mayor parte de la semana fuera de casa y perderse la vida familiar no compensa, aunque la nómina sea alta. Pues al final, el dinero sin la familia, de poco sirve.

El cambio de prioridades se nota mucho en el sector del transporte. Los jóvenes buscan horarios regulares, tiempo para su familia y oportunidades de conciliar la vida personal y laboral. Trabajos que implican viajar largas horas, dormir en rutas o estar fuera días seguidos ya no son atractivos, aunque estén muy bien pagados. La estabilidad y el bienestar personal pesan más que el salario, en muchas ocasiones.

El dinero ya no es la principal motivación

Aunque un camionero internacional pueda ganar más de 3.000 euros al mes, muchos jóvenes prefieren empleos que les permitan vivir cerca de su hogar y organizar su vida diaria sin sueldos tan importantes. La remuneración económica deja de ser el factor decisivo cuando implica renunciar a la convivencia con la familia o a participar en la vida cotidiana de los hijos.

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🚛 "Los jóvenes prefieren una mayor conciliación con su vida personal que un mejor sueldo, por ejemplo" 🎙️ Pilar García Muñiz charla en La Tarde con José Blas Marinero, profesor de autoescuela de alumnos que están sacando los permisos de conducir C y D, los necesarios para ser conductor profesional

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Además, la digitalización y la educación actual fomentan que los jóvenes busquen trabajos con horarios flexibles y con opción de teletrabajo. Sectores como el transporte de larga distancia se perciben como rígidos y poco compatibles con estas expectativas. Esto explica por qué, a pesar de la escasez de camioneros y la necesidad del sector, la oferta no atrae a nuevas generaciones y la media de edad siga subiendo.

Consecuencias para el mercado laboral

La falta de interés por estos trabajos obliga a empresas y formadores a replantearse la forma de atraer talento. Se buscan incentivos que no solo sean económicos, como mejor conciliación o beneficios familiares. El objetivo es equilibrar las necesidades del sector con las prioridades de los futuros trabajadores. La generación actual prioriza calidad de vida, bienestar y tiempo en familia sobre ingresos elevados que no se pueden disfrutar plenamente. Esta tendencia marca un cambio estructural en sectores tradicionales, especialmente aquellos que exigen movilidad constante y largas jornadas fuera de casa.

En resumen, como explica José Blas, muchos jóvenes hoy prefieren renunciar a sueldos elevados como el de camionero para mantener su calidad de vida familiar, dejando claro que el dinero ya no es el principal incentivo en la elección de un trabajo.