La realidad del campo vuelve a poner sobre la mesa una situación que se repite en muchas zonas agrícolas, donde tierras productivas que dejan de cultivarse por pura inviabilidad económica. Jorge, agricultor, resume el problema con una frase tan directa como preocupante: “Hemos echado a perder la mayoría de terreno porque solo nos da pérdidas”. Su testimonio refleja una tendencia que pone en jaque el futuro del sector.
Lejos de tratarse de parcelas marginales, el agricultor explica que muchas de estas superficies eran históricamente fértiles, extensas y con buen rendimiento. Terrenos considerados valiosos desde el punto de vista agronómico, pero que hoy presentan un escenario muy distinto. La causa, según denuncia, no es la falta de calidad del suelo, sino la rentabilidad de los frutos que acaba dando.
Tierras fértiles que ya no compensa trabajar
Jorge señala que el abandono no responde a una decisión voluntaria, sino a un cálculo económico que demuestra que no conviene trabajar más. Cultivar implica asumir costes como semillas, fertilizantes, combustible, maquinaria, mano de obra o riego. Sin embargo, los precios que reciben por sus productos no han evolucionado al mismo ritmo, generando así, un desequilibrio cada vez más difícil de sostener.
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El resultado es una reducción progresiva de la actividad. Muchos agricultores optan por limitar cosechas, dejar parcelas en barbecho o directamente cesar la producción en determinadas hectáreas. No porque la tierra haya perdido capacidad productiva, o porque no quieran trabajar más, sino porque eso imlicaría tirar dinero a la basura. El problema se agrava en explotaciones medianas y pequeñas, donde los márgenes son más reducidos y la volatilidad de precios tiene un impacto todavía más duro.
Precios bajos y un sector dañado
Uno de los factores que más se repite en el discurso de los profesionales del campo es la presión sobre los precios en origen. Jorge insiste en que, en numerosas ocasiones, los ingresos obtenidos no cubren los costes de producción. "No sale a cuenta" es una expresión que se ha convertido en habitual entre agricultores.
Esta dinámica genera una sensación de bloqueo absoluto. A pesar de trabajar tierras de alta calidad, la falta de rentabilidad desincentiva la inversión, la modernización e incluso la continuidad de muchas explotaciones familiares. El abandono de superficies agrícolas no solo tiene impacto económico, sino también territorial y social.
El testimonio de Jorge no es un caso aislado, sino el reflejo de una preocupación creciente en el sector agrario. Tierras fértiles que permanecen improductivas mientras sus propietarios intentan sobrevivir en un mercado donde los números, según denuncian, ya no cuadran.