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Jordi Cruz tiene una idea de la paternidad bastante alejada de la obsesión por proteger a los hijos de cualquier error. El chef considera que crecer implica equivocarse, frustrarse y aprender a resolver situaciones por uno mismo. Por eso, cuando habla de qué quiere transmitir a sus hijos, no plantea una educación basada en evitarles cada golpe, sino en acompañarlos mientras desarrollan su propia autonomía.

En una entrevista para el pódcast Vidas Abiertas, Cruz lo explicó con una frase muy directa: “No soy el típico padre que dice que les va a preparar para que vayan por la vida como campeones y no se la peguen. No, el niño se la va a pegar”. Para él, intentar diseñar una vida sin errores sería poco realista y, probablemente, también poco útil.

Equivocarse también forma parte de crecer

Cruz parte de una idea sencilla, ya que sus hijos acabarán construyendo su personalidad más allá de lo que él intente enseñarles. “Dentro de cuatro años, se irá construyendo a sí mismo y me daré cuenta de que es una persona autónoma, singular”, reflexionó sobre ese proceso.

Rebecca Lima i Jordi Cruz, a Miraflores IG

Eso no significa desentenderse. Al contrario, su papel pasa por estar cerca cuando aparezcan problemas, pero sin impedir que ocurran. Cruz quiere acompañar, observar y ayudar cuando sea necesario, dejando espacio para que sus hijos desarrollen criterio propio.

La disciplina sí será una parte importante

Hay, sin embargo, un aspecto en el que tiene claro que quiere intervenir: la disciplina. “Yo voy a estar ahí y le voy a estar enseñando la parte de disciplina porque a su madre le cuesta”, comentó con naturalidad. Ese equilibrio resume bastante bien su forma de entender la educación. No pretende convertir a sus hijos en una versión de sí mismo ni decidir cada paso por ellos, pero sí ofrecerles unas herramientas básicas para que puedan sostenerse cuando empiecen a tomar decisiones.

Cruz parece asumir que una parte importante de ser padre consiste precisamente en aceptar que no se puede controlar todo. Sus hijos tendrán su carácter, sus errores y sus propias elecciones. Y ahí está la diferencia en su planteamiento: no quiere prepararles un camino sin golpes, sino estar presente cuando esos golpes lleguen. Para él, la autonomía no se enseña eliminando todos los obstáculos, sino permitiendo que el niño se enfrente a ellos sabiendo que, detrás, sigue teniendo a alguien que le acompaña.