Jordi Cruz ha hablado con humor sobre cómo cambió su vida personal después de conocer a Rebecca Lima y formar una familia con ella. El cocinero reconoce que durante muchos años no tuvo claro si quería casarse o ser padre, pero asegura que fue su pareja quien terminó marcando el ritmo. “A mí me obligó ella, me marcó todo, soy un soldado”, explicó entre risas al recordar cómo fueron tomando algunas de las decisiones más importantes de su relación.
Cruz relata esa dinámica de pareja desde la complicidad y utiliza un tono claramente irónico para describirse como alguien “muy bien mandado”. Según cuenta, Rebecca tenía mucho más claro qué quería construir juntos y fue dando forma a ese proyecto común. “Dijo: ‘Aquí nos vamos a casar, aquí vas a decir que sí...’”, recordó al hablar de una etapa en la que su visión sobre el matrimonio y la paternidad empezó a transformarse.
Rebecca Lima cambió su manera de entender la familia
El chef admite que convertirse en padre supuso un punto de inflexión. Antes no tenía una posición definida sobre tener hijos, pero la experiencia terminó modificando su perspectiva sobre la pareja y sobre sus prioridades. Para Cruz, la llegada de los niños añadió una dimensión completamente nueva a su vida personal.

De hecho, llegó a afirmar que “hay que tener hijos, aunque sea uno, aunque no te guste”, una frase que posteriormente matizó explicando que hablaba desde su experiencia personal. Su reflexión no pretendía establecer una obligación universal, sino transmitir cómo la paternidad cambió su propia manera de entender la vida y la relación de pareja.
De una vida muy centrada en el trabajo a nuevas prioridades
Durante años, Jordi Cruz estuvo especialmente volcado en su carrera profesional, entre restaurantes, proyectos gastronómicos y televisión. La relación con Rebecca y la posterior llegada de sus hijos introdujeron nuevas responsabilidades y también una manera diferente de organizar su tiempo.
Ese cambio no significa que haya dejado atrás su ambición profesional, pero sí que ahora existe una estructura familiar que condiciona muchas más decisiones. Cruz reconoce que Rebecca ha tenido un papel decisivo en ese proceso y lo cuenta desde una mezcla de admiración, humor y aceptación. Cuando se define como “un soldado”, lo hace precisamente dentro de esa lógica: la de alguien que admite que su pareja tenía mucho más claro hacia dónde debía avanzar la relación. Y, visto con perspectiva, parece satisfecho de haber seguido ese camino.