Jordi Cruz puede ser uno de los cocineros más reconocibles de España, dirigir restaurantes con estrellas Michelin y ejercer como uno de los jueces más exigentes de MasterChef, pero cuando vuelve a casa toda esa jerarquía desaparece. El chef explicó en Cena con mamá, de RTVE, que su madre, Roser, se encarga de recordarle cuál sigue siendo su lugar dentro de la familia: “En familia no soy el chef, soy Jordi, el pequeño de la casa”.
La frase resume una relación familiar que Cruz ha reivindicado muchas veces. Creció en una casa numerosa donde cocinar formaba parte de la vida cotidiana y donde su éxito profesional nunca modificó completamente las dinámicas de siempre. “Recuerdo mi infancia muy feliz, éramos muchos en casa”, explicó durante el programa, recordando también con humor que cualquier miembro de la familia podía protagonizar algún desastre doméstico.
Su madre fue una de las primeras en detectar su vocación
La relación de Jordi con la cocina empezó precisamente alrededor de su madre. Cuando tenía siete años, Roser enfermó y él decidió ayudar preparando unas judías verdes con patatas. Después de probarlas, ella le lanzó una predicción que terminaría cumpliéndose: “Serás cocinero”. Cruz ha explicado que en casa siempre se cocinó mucho y que tanto su madre como su abuela tenían una gran mano para los fogones.
A partir de ahí, su carrera avanzó muy rápido. Empezó a trabajar siendo adolescente y consiguió su primera estrella Michelin con apenas 24 años. Sin embargo, ninguno de esos logros parece haber cambiado demasiado la manera en la que su familia lo mira cuando regresa a casa.
Las estrellas Michelin se quedan fuera de la puerta
Durante aquel programa, Cruz quiso precisamente rendir homenaje a su madre preparando una cena especial. Reconoció que había pasado buena parte de su vida intentando que estuviera orgullosa de él y que, por culpa del ritmo de trabajo, sentía que no siempre podía dedicarle todo el tiempo que quería.
La familia funciona así como un contrapeso a su vida profesional. Fuera puede dirigir cocinas, juzgar platos y acumular reconocimientos. Dentro de casa vuelve a ocupar el lugar que tenía mucho antes de todo aquello. Y quizá esa sea la parte de la historia que más le gusta recordar: para su madre no importa cuántas estrellas Michelin consiga. Cuando se sienta alrededor de la mesa familiar sigue siendo simplemente Jordi, el pequeño de los Cruz.
