Jordi Cruz explica como educa a su hijo: “Le enseño la disciplina, a su madre le cuesta, una vez al mes”

Jordi Cruz tiene claro que no quiere educar a su hijo intentando convertirlo en una versión diseñada por él. El chef defiende una crianza en la que los padres acompañan, ponen límites y transmiten disciplina, pero sin decidir por adelantado quién debe ser el niño. Su objetivo no es evitarle todos los errores, sino permitir que aprenda también de ellos.

“No soy el típico padre que dice que le va a preparar para que vaya por la vida como un campeón y no se la pegue”, ha explicado. Cruz asume que su hijo cometerá errores y que esa experiencia será imprescindible para construir su personalidad. Él quiere estar cerca, observar y ayudar, pero sin convertir cada problema en una intervención paterna.

Disciplina sí, pero sin autoritarismo

El cocinero reconoce que dentro de la pareja es quien aporta una mayor estructura. “Yo voy a estar ahí enseñándole la parte de disciplina porque a su madre le cuesta”, comenta. Sin embargo, insiste en que establecer normas no significa imponer miedo ni controlar constantemente. Su modelo busca que el niño entienda dónde están los límites y por qué existen.

Jordi Cruz amb el seu fill Noah i la seva dona Rebecca Lima   Instagram
Jordi Cruz amb el seu fill Noah i la seva dona Rebecca Lima Instagram

Cruz lo resume con una escena muy gráfica: “Una vez al mes les tengo que mirar a los ojos con cara de MasterChef y decirles ‘no’”. No pretende mantener esa expresión todos los días, sino reservar la firmeza para determinados momentos. De esta forma, el límite conserva importancia y el niño aprende que no todos sus deseos deben cumplirse inmediatamente.

No quiere moldear a su hijo

Más allá de esa “organización militar básica”, el chef asegura que no quiere dirigir la personalidad, los gustos o las futuras decisiones de sus hijos. Rechaza la idea de “dar forma a la figurita de barro”, porque entiende que cada niño desarrolla una identidad propia que los padres deben descubrir en lugar de fabricar.

Su papel, explica, consiste en acompañar, explicar y apoyar mientras ellos crecen. Quiere que puedan equivocarse, encontrar sus intereses y descubrir qué tipo de personas desean ser. La disciplina sirve para darles una estructura mínima, pero después necesita aparecer la autonomía. Cruz tampoco aspira a transmitirles una lista cerrada de valores o profesiones. Prefiere observar cómo evolucionan y estar disponible cuando necesiten orientación. Su filosofía combina dos ideas que pueden parecer opuestas: marcar límites claros y, al mismo tiempo, dejar espacio suficiente para que el niño se construya solo. Para él, educar no consiste en fabricar un campeón, sino en ayudar a crecer a una persona capaz de tomar sus propias decisiones.