Durante años, los bazares gestionados por familias chinas han formado parte del paisaje cotidiano en muchas ciudades españolas. Negocios abiertos durante largas jornadas y con una oferta muy variada que, desde fuera, parecen simples, pero que esconden una gran complejidad. Sin embargo, detrás de esa imagen hay historias de esfuerzo constante y de una implicación familiar total desde edades muy tempranas.
Es ahí donde encaja el testimonio de Jia Junyin, que ha explicado cómo vivió esa realidad desde dentro cuando era solo un niño y acompañaba a sus padres en la gestión de un negocio que les traía más dolores de cabeza de los que la mayoría se puede llegar a imaginar.
Una infancia dentro del bazar
Y es que su relato no deja lugar a dudas. “De pequeño me ponían a dar vueltas por los pasillos para vigilar”, explica, recordando una tarea que formaba parte de su día a día. De este modo, desde muy joven asumió responsabilidades dentro del negocio familiar. No era algo excepcional, sino una práctica habitual en muchos bazares, donde cada miembro de la familia aportaba lo que podía.

La vigilancia era clave. En espacios con muchos productos y tránsito constante de clientes, cualquier descuido podía traducirse en pérdidas económicas que, poco a poco, se acaban convirtiendo en un agujero negro que acaba afectando a la viabilidad del negocio.
Los robos, una amenaza constante
La realidad es que los pequeños hurtos han sido uno de los grandes problemas de este tipo de comercios. Y es que la necesidad de estar siempre atentos se convierte en una rutina diaria. Para muchas familias, como la de Jia, esto implicaba organizarse para cubrir todas las tareas, incluida la supervisión constante del local. Incluso los más pequeños participaban en esa dinámica.
El impacto no es solo económico. También genera tensión y una sensación de alerta constante que forma parte del trabajo diario. Así pues, el testimonio de Jia Junyin refleja una cara poco conocida de estos negocios. Porque detrás del mostrador no solo hay ventas, sino también esfuerzo, control y una implicación familiar que empieza desde la infancia.