Los bazares regentados por familias chinas forman parte del paisaje comercial de muchas ciudades españolas desde hace décadas. Aunque a menudo se habla de ellos como pequeños negocios de barrio, algunos propietarios aseguran que, bien gestionados, pueden generar ingresos importantes. Así lo explica Jia Junyin, joven empresario chino, que ha hablado abiertamente sobre la rentabilidad de este tipo de comercios.
En un vídeo difundido en redes, Junyin asegura que un bazar puede convertirse en un negocio muy rentable dependiendo de varios factores. “Con un bazar puedes tener un Mercedes de 80.000 euros”, afirma, aunque también matiza que todo depende de la ubicación, del tamaño del local y de la competencia que exista en la zona.
Un negocio que depende mucho de la ubicación
El empresario explica que no todos los bazares generan los mismos ingresos. La facturación anual puede rondar los 100.000 euros según distintos análisis del sector, pero esa cifra puede variar considerablemente según el barrio, el flujo de clientes o el tamaño del establecimiento.

Los locales situados en zonas con mucho paso de gente o con poca competencia directa suelen tener más posibilidades de generar ingresos elevados. En cambio, en áreas donde existen muchos bazares cercanos, el margen de beneficio se reduce. Por ese motivo, Junyin insiste en que abrir un bazar requiere estudiar bien el entorno y los costes antes de empezar.
Alquiler, robos y preocupación constante
El joven también explica que el negocio tiene dificultades que muchas personas no ven desde fuera. Uno de los gastos más importantes es el alquiler del local, que puede absorber una parte importante de los ingresos del negocio. A esto se suma otro problema frecuente en este tipo de tiendas como lo son los pequeños robos. Junyin reconoce que los dueños deben vigilar constantemente para evitar pérdidas.
Según recuerda, su familia vivió esa preocupación desde los primeros años del negocio. Cuando tenían un bazar más pequeño, su padre estaba muy pendiente de que todo funcionara bien. “Al principio, cuando teníamos un bazar más pequeño, mi padre no dormía por las noches porque se preocupaba que no le fuese bien el bazar. Que nos roben era perder dinero”, explica.
Así pues, su testimonio refleja la realidad de muchos pequeños comerciantes: un negocio que puede generar ingresos importantes, pero que también exige muchas horas de trabajo, vigilancia constante y una gestión cuidadosa de los gastos.