Jair Domínguez ha hablado abiertamente sobre su relación con el alcohol y ha reconocido que durante muchos años su consumo estuvo claramente por encima de lo que consideraba normal. El comunicador explicó que una de las cosas que más le dificultó detectar el problema fue precisamente su elevada tolerancia. Podía beber grandes cantidades sin notar de inmediato los mismos efectos que otras personas, algo que terminó normalizando una conducta que, con el tiempo, empezó a preocuparle.
“Toda la vida he consumido más de la cuenta. El problema es que tenía bastante tolerancia al alcohol y bebía mucho”, explicó en una entrevista en Planta Baixa, de TV3. Domínguez añadió que llegó a percibir su comportamiento como “un hábito que roza la adicción”, especialmente cuando empezó a detectar momentos en los que sentía que necesitaba beber y que algunas de sus rutinas ya no le parecían normales.
La tolerancia puede esconder el problema durante mucho tiempo
Uno de los ejemplos que dio para explicar la magnitud del consumo fue especialmente claro. “Me gustaría poder beber una copa de vino, pero si estoy solo me puedo beber la botella entera”, reconoció. También contó que una salida aparentemente normal con amigos podía acabar en cantidades muy superiores a las previstas.

Según explicó, podía llegar a beber hasta dieciséis cervezas en una misma ocasión. Más allá de la cifra concreta, lo relevante para él era la dificultad para detenerse una vez empezaba. Esa incapacidad para mantener el consumo dentro de los límites que inicialmente se había planteado fue una de las señales que le hicieron revisar su relación con el alcohol.
Reconocer que algo no es normal fue el primer aviso
Domínguez también puso el foco en esos momentos en los que el consumo deja de ser únicamente social y empieza a sentirse como una necesidad. “Hay momentos que te das cuenta de que necesitas beber y que ciertos comportamientos no son normales”, afirmó. Identificar ese cambio fue importante para dejar de interpretar su forma de beber como una simple costumbre. Su testimonio muestra también por qué una alta tolerancia no significa necesariamente tener una relación segura con el alcohol. Poder beber mucho sin sentirse inmediatamente afectado puede hacer más difícil detectar cuándo el consumo se está volviendo problemático.
La experiencia de Jair Domínguez no pretende convertir una cantidad concreta en una frontera universal, sino explicar cómo él mismo terminó reconociendo un patrón que llevaba años normalizando. El problema, como cuenta, no estaba solo en cuánto bebía, sino en la sensación de necesitar hacerlo y en la dificultad para detenerse cuando empezaba.