El tabaco sigue siendo una de las principales lacras de salud pública a nivel mundial. Según la Organización Mundial de la Salud, más de 1.300 millones de personas fuman en el mundo, y el consumo de tabaco provoca millones de muertes cada año por enfermedades cardiovasculares, cáncer o patologías respiratorias. Aunque en muchos países desarrollados el número de fumadores ha descendido progresivamente gracias a campañas de concienciación y restricciones legales, el problema sigue muy presente, especialmente entre jóvenes y en países en desarrollo.
En este contexto, Irene, psicóloga especializada en deshabituación tabáquica, propone un enfoque diferente para dejar de fumar. Su mensaje es claro: “Para dejar el tabaco no basta con fuerza de voluntad; debes encontrar la emoción que hay detrás del cigarrillo”. Una idea que desplaza el foco del hábito físico hacia el mundo emocional.
El tabaco: cifras, tendencias y falsas soluciones
En las últimas décadas, el consumo de tabaco tradicional ha bajado en países como España, pero han surgido nuevas formas de consumo: vapeadores, cigarrillos electrónicos o tabaco calentado. Muchas de estas alternativas se han presentado como soluciones menos dañinas o herramientas para dejar de fumar. Sin embargo, no eliminan la adicción, solo la transforman.

El mercado ha ofrecido parches de nicotina, chicles, pastillas, inhaladores o aplicaciones móviles para controlar el consumo. Estas herramientas pueden ser útiles como apoyo, pero Irene advierte que si no se aborda el motivo emocional, el fumador suele recaer o sustituir el cigarrillo por otra conducta compulsiva.
La psicóloga recuerda que fumar rara vez tiene que ver solo con la nicotina. Está asociado a rutinas, momentos concretos del día y, sobre todo, a estados emocionales: estrés, ansiedad, soledad, aburrimiento o necesidad de desconexión.
La emoción detrás del cigarrillo
Según explica Irene, cada fumador tiene una relación única con el tabaco. Para algunos, el cigarrillo es una pausa; para otros, una compañía; para muchos, una forma de regular emociones difíciles. “El cigarro no calma, tapa”, señala la psicóloga. Tapa una emoción que no se sabe gestionar de otra manera.
El verdadero cambio, afirma, empieza cuando la persona se pregunta para qué fuma, no por qué. ¿Qué obtiene emocionalmente del cigarrillo? ¿Qué necesidad está cubriendo? Identificar esa emoción permite buscar alternativas más saludables: aprender a manejar la ansiedad, poner límites, descansar de verdad o expresar lo que se siente.
@voy_adejardefumar Las ganas de fumar casi nunca son SOLO ganas de fumar. Detrás suele haber una emoción que dispara ese deseo: 👉 Estrés, inseguridad, aburrimiento, tristeza, enfado… Cuando me di cuenta de eso, lo entendí: 📌 El tabaco no me daba lo que necesitaba, solo era una forma bastante tóxica de callar mis emociones. Por eso, te invito a hacerte estas preguntas la próxima vez que sientas ganas de fumar: ✨¿Qué EMOCIÓN estoy sintiendo realmente? ✨¿Qué es lo que REALMENTE me ayudará a atender esa emoción? A veces es un descanso más que merecido. Otras veces es poner límites, hablar con alguien que te dé claridad, a simplemente una pausa para volver a ti. Y para darte eso… no necesitas fumar. Solo necesitas escucharte. ⭐️ Soy Irene, psicóloga y exfumadora, y si quieres dejar de fumar para vivir con más libertad y bienestar, sígueme por aquí 👉 @voyadejardefumar #dejardefumar #psicologia #autoconocimiento #emociones
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Irene insiste en que dejar de fumar no debe vivirse como una pérdida, sino como un proceso de autoconocimiento. Cuando se trabaja la emoción que sostiene el hábito, el deseo de fumar pierde fuerza de forma natural, sin lucha constante.
En definitiva, el enfoque psicológico propone ir más allá del conteo de cigarrillos. El tabaco no es solo una adicción química, sino una respuesta emocional aprendida. Y como recuerda Irene, cuando entiendes qué hay detrás del cigarro, dejar de fumar deja de ser una batalla y se convierte en una decisión consciente.