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Durante años, muchas casas se decoraron siguiendo una regla sencilla: si la mesa era de roble, las sillas, el aparador y el mueble de televisión debían parecer del mismo conjunto. En 2026, los interioristas están abandonando esa uniformidad porque puede hacer que una vivienda resulte plana, rígida y demasiado parecida a una exposición de tienda.

La tendencia actual apuesta por combinar maderas diferentes dentro de una misma estancia. Una mesa de nogal puede convivir con sillas de roble, una cómoda antigua con un suelo claro y un mueble auxiliar más oscuro. La clave no está en que todo coincida, sino en que exista una relación visual entre tonos, texturas y proporciones.

La madera dominante debe aparecer primero

Para evitar que la mezcla parezca improvisada, los profesionales recomiendan identificar una madera principal. Normalmente será la del suelo, los armarios o la pieza de mayor tamaño. A partir de ella se incorporan uno o dos tonos secundarios que creen contraste sin competir entre sí. Repetir cada acabado al menos dos veces también ayuda a que la elección parezca intencionada.

Nueva sala de exposiciones de la marca de muebles Besform, en La Garriga (Barcelona). Foto Maria Pujol

Los subtonos son más importantes que la especie. Las maderas cálidas, con matices amarillos, rojizos o miel, suelen combinar bien entre ellas. Las grisáceas o ceniza funcionan mejor junto a acabados fríos. Mezclar un roble dorado con un nogal profundo puede resultar elegante, pero añadir además una madera gris azulada puede romper la armonía.

Igualar todos los muebles puede envejecer la casa

Comprar todos los muebles de la misma colección resuelve rápido la decoración, pero también elimina profundidad. Cuando cada pieza repite exactamente el color, el acabado y el diseño, la estancia pierde jerarquía y parece montada de una sola vez. Combinar muebles nuevos con piezas heredadas o antiguas aporta carácter y hace que la casa se sienta más personal.

La realidad es que mezclar maderas no significa acumular acabados sin criterio. Conviene limitarse a dos o tres tonos, mantener una temperatura común y repartirlos por la estancia. Textiles, piedra, metal y colores neutros pueden actuar como puente entre las piezas. En 2026, la casa más actual no es la que tiene todos los muebles iguales, sino la que parece construida poco a poco, con contraste, coherencia y objetos elegidos por su función y personalidad, sin convertir cada habitación en un catálogo perfectamente coordinado y sin vida.