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Hacer estiramientos puede ayudar a mantener la movilidad, reducir cierta sensación de rigidez y conservar un rango de movimiento cómodo con el paso de los años. Sin embargo, para muchas personas jubiladas hay otro tipo de entrenamiento que resulta todavía más importante para mantener la autonomía: el trabajo de fuerza. No hace falta levantar grandes pesos ni entrenar como si se tratara de un gimnasio; basta con estimular los músculos de forma regular.

Con la edad se produce una pérdida progresiva de masa muscular y fuerza, y eso puede afectar a tareas tan básicas como cargar bolsas, subir escalones, levantarse de una cama o mantener el equilibrio. Los estiramientos por sí solos no frenan ese proceso. Por eso, combinar movilidad con ejercicios de fuerza es una estrategia mucho más completa.

La fuerza salvaguarda la independencia diaria

Un ejercicio sencillo puede ser elevar los talones de pie, sujetándose a una pared o una silla estable. Desde esa posición, se levantan lentamente los talones hasta quedar sobre las puntas de los pies y después se baja de forma controlada. Este gesto trabaja especialmente gemelos y tobillos, dos zonas importantes para caminar con seguridad y reaccionar ante pequeños desequilibrios.

Un jubilado en una cafetería. Jeff Sheldon / Unsplash

También pueden utilizarse bandas elásticas, botellas ligeras o el propio peso corporal. Lo importante no es la carga inicial, sino que el músculo tenga que realizar un esfuerzo suficiente y progresivo. Si el ejercicio resulta demasiado fácil durante semanas, deja de generar el mismo estímulo.

Estirar no sustituye a fortalecer

La flexibilidad es útil, pero ser capaz de mover una articulación en un rango amplio no garantiza tener fuerza para controlar ese movimiento. Una persona puede tener buena movilidad en las piernas y, aun así, encontrar dificultades para caminar por una pendiente, subir escaleras o sostenerse durante una pérdida de equilibrio. Por eso conviene reservar varios momentos de la semana para trabajar fuerza de forma específica. No es necesario entrenar todos los días y tampoco existe una rutina universal. La intensidad debe adaptarse al estado físico y a posibles problemas articulares o cardiovasculares.

Si aparecen dolor intenso, mareos, falta de aire inusual o una pérdida importante de estabilidad, conviene detener el ejercicio y consultar con un profesional sanitario. Los estiramientos pueden seguir formando parte de una buena rutina, pero no deberían ocupar todo el espacio. Mantener músculos fuertes es una de las herramientas más útiles para conservar movilidad, seguridad y capacidad para seguir realizando de forma independiente las actividades cotidianas.