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En verano, muchas casas empiezan a ganar temperatura mucho antes de que sus habitantes se den cuenta. El error habitual es esperar a notar calor para bajar las persianas. Para entonces, una parte importante de la radiación solar ya ha atravesado los cristales y ha calentado suelos, paredes y muebles, que después continúan liberando ese calor durante horas.

El gesto más eficaz consiste en adelantarse: bajar las persianas de las ventanas que reciben sol directo antes de que empiece a incidir sobre ellas. No hace falta vivir completamente a oscuras. En muchas viviendas basta con dejar las lamas ligeramente abiertas para permitir algo de luz y mantener cerradas especialmente las orientaciones más expuestas durante las horas de mayor radiación.

Cerrar antes es más importante que cerrar más

Las ventanas son uno de los puntos por los que más fácilmente entra calor solar. El cristal permite que parte de la radiación llegue al interior y caliente las superficies de la vivienda. Una persiana exterior crea una barrera antes de que esa energía alcance el vidrio, por lo que resulta especialmente útil frente a cortinas o estores colocados únicamente por dentro.

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La diferencia está en el momento. Si una ventana recibe sol desde las diez de la mañana, bajar la persiana a las doce significa que durante dos horas el interior ya ha estado acumulando energía. En cambio, hacerlo antes de que llegue el sol reduce esa ganancia desde el principio y permite que la temperatura aumente de manera mucho más lenta.

Por la noche conviene hacer justo lo contrario

Cuando la temperatura exterior cae por debajo de la interior, mantener la casa completamente cerrada deja de ser la mejor estrategia. Entonces conviene levantar persianas y abrir ventanas para favorecer la ventilación cruzada, siempre que las condiciones exteriores sean más frescas. Así se expulsa parte del calor acumulado durante el día y se enfrían las superficies interiores.

A la mañana siguiente, la secuencia vuelve a empezar: ventilar temprano, cerrar ventanas cuando el exterior comienza a calentarse y bajar las persianas antes de recibir sol directo. Este pequeño cambio de horario puede ser más útil que bajarlas cuando la sala ya está sofocante. La clave no es intentar enfriar una casa que ya se ha calentado, sino impedir que gran parte del calor llegue a entrar realmente.