El agua que consumimos también está en lo que compramos para comer. Gemma Puig utiliza el ejemplo de la ternera para explicar esa relación: producir un kilogramo puede representar una huella hídrica de unos 14.000 litros. La meteoróloga abordó esta cifra en MeteoMauri, de Catalunya Ràdio, durante la presentación de su libro Aigua, un recurs vital. Su explicación invita a mirar el consumo más allá del grifo.
Detrás de un alimento hay agua vinculada a diferentes etapas de producción. En la ganadería cuenta especialmente la necesaria para obtener la alimentación de los animales, además de la que beben y la utilizada en otros procesos. La huella hídrica reúne esas aportaciones para hacer visible una dependencia que resulta difícil imaginar cuando vemos únicamente una bandeja de carne en el supermercado.
Qué significan esos miles de litros
En este sentido, la cifra necesita contexto para interpretarse correctamente. La huella hídrica incluye agua de lluvia, agua superficial o subterránea y un indicador del agua necesaria para asimilar contaminantes. El resultado varía según el lugar, la alimentación del ganado y el sistema de producción. Por eso, los miles de litros expresan una estimación del conjunto del proceso, con componentes que tienen impactos distintos sobre los recursos disponibles.
De esta manera, el ejemplo permite entender por qué nuestras decisiones de compra también tienen una dimensión hídrica. Puig extendió esa reflexión a otros productos cotidianos, como las manzanas, los vaqueros o los teléfonos móviles. El hilo conductor de su libro es precisamente mostrar que los objetos y alimentos que utilizamos necesitan agua antes de llegar a nuestras manos.
Comprar con más conciencia de lo que cuesta producir
La meteoróloga explicó en esa conversación que su intención es ayudar a repensar el consumo. Su planteamiento pasa por conocer los recursos asociados a cada producto y tenerlos presentes al elegir. Aplicado a la cocina, esa mirada da valor a planificar las cantidades, aprovechar lo comprado y evitar que alimentos que han requerido recursos terminen olvidados hasta estropearse.
Así pues, el mensaje puede trasladarse a una tarea tan habitual como preparar la compra semanal. Revisar la nevera, calcular las raciones y aprovechar las sobras son formas concretas de cuidar lo que ya tenemos. La cifra que expone Puig sirve para recordar que cada alimento tiene una historia anterior al plato y que el agua forma parte de ella.
