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Ayudar económicamente a un hijo parece una de las cosas más normales del mundo. Pagar una entrada para una vivienda, enviar dinero cada mes para el alquiler, ayudar con una hipoteca o cubrir un momento complicado son situaciones habituales en muchas familias. Pero cada vez más fiscalistas están recordando a los pensionistas que estas ayudas pueden tener implicaciones fiscales si no se hacen correctamente o si no queda claro qué tipo de operación se está realizando.

Y es que uno de los errores más habituales es pensar que entre padres e hijos el dinero puede moverse sin ninguna consecuencia ante Hacienda. La realidad es que el fisco diferencia entre una ayuda puntual, un préstamo y una donación. Y cuando el dinero se entrega sin obligación de devolución, normalmente entra en juego el Impuesto sobre Sucesiones y Donaciones, cuya gestión depende de cada comunidad autónoma y de las bonificaciones con las que cuenta.

El problema no suele ser ayudar, sino no dejarlo claro

La realidad es que muchos pensionistas hacen transferencias periódicas o ingresos para ayudar a sus hijos y nunca formalizan qué son exactamente esos movimientos. De este modo, si el dinero se entrega como regalo y no como préstamo, puede existir obligación de presentar la documentación correspondiente aunque después el coste fiscal sea reducido o incluso exista bonificación autonómica.

Una jubilada caminando

Además, algunos especialistas advierten de que fraccionar ayudas en cantidades pequeñas pensando que así desaparece cualquier control no elimina de ninguna manera las obligaciones fiscales. También pueden llamar la atención operaciones periódicas o movimientos que no tengan una explicación clara.

Lo que recomiendan revisar antes de enviar dinero

Los expertos suelen insistir en algo sencillo, como decidir antes si el dinero es una donación o un préstamo. Si se trata de una ayuda que no se devolverá, conviene documentarla correctamente. Si se espera devolución, suele recomendarse dejar constancia de condiciones, fechas o justificantes para poder acreditar la naturaleza de la operación.

También recuerdan que quien recibe una donación suele ser quien debe realizar las gestiones tributarias correspondientes, no quien entrega el dinero. Así pues, el mensaje que están trasladando muchos fiscalistas no es dejar de ayudar a los hijos. Es revisar cómo se hace. Porque una ayuda familiar que parece completamente cotidiana puede acabar generando preguntas si no queda claro qué era exactamente ese dinero.