Trabajar en una plataforma petrolera no es para cualquiera, pero para quienes lo hacen, la recompensa económica es difícil de igualar. Filip, empleado en una petrolera offshore, ha contado cómo es su día a día en uno de los trabajos más duros y mejor pagados. Dos semanas seguidas en alta mar, turnos largos y condiciones extremas a cambio de un salario que dice que ronda los 700 euros diarios. El acceso se realiza en helicóptero y, una vez allí, no hay vuelta atrás hasta que termina el turno completo. Trabajo, descanso y convivencia se concentran en un mismo espacio, en medio del mar y lejos de cualquier comodidad habitual.
Durante esas dos semanas, Filip trabaja en turnos de 12 horas diarias, sin fines de semana ni festivos. El ritmo es exigente y la responsabilidad constante, ya que cualquier error puede tener consecuencias graves. La intensidad del trabajo es una de las razones principales por las que el salario es tan elevado.
Vivir y trabajar en una plataforma petrolera
La plataforma es prácticamente una pequeña ciudad flotante. Los trabajadores viven allí, duermen en camarotes compartidos y siguen una rutina muy marcada. Filip explica que el ambiente es bueno, profesional y sorprendentemente tranquilo. “No hay alcohol, no hay fiestas ni distracciones. Aquí hay noches de juegos de mesa y risas”, afirma. Uno de los aspectos mejor valorados es la alimentación. La empresa ofrece tres comidas calientes al día, algo fundamental teniendo en cuenta el desgaste físico y mental del trabajo. Además, todo está pensado para que los trabajadores puedan recuperarse entre turnos y mantener un nivel de energía adeucado y seguro.
Eso sí, no todo es comodidad. El aislamiento pesa, especialmente para quienes tienen familia. No hay escapadas, ni planes improvisados, ni contacto físico con el exterior más allá de llamadas o mensajes cuando la cobertura lo permite.
El frío, el gran enemigo y el precio del salario
Filip reconoce que uno de los rivales más duros es el frío. Dependiendo de la zona, las temperaturas pueden ser extremas y el viento constante convierte cualquier tarea en un reto adicional. A las cinco de la mañana, con suelos de mteal, no es nada fácil. Aun así, el salario compensa para muchos. En dos semanas de trabajo, los ingresos superan con facilidad los 9.000 euros, lo que permite luego periodos de descanso prolongados en tierra firme.
La realidad es que trabajar en una petrolera offshore no es solo un empleo, es una forma de vida. Así pues, Filip lo resume como sacrificio, disciplina y aislamiento a cambio de un sueldo que muy pocos trabajos pueden ofrecer. Un entorno duro, pero estable, bien pagado y con un ambiente sorprendentemente saludable.
